Lucas gonzález afronta su último ciclo de antibióticos antes de la operación que decidirá su voz

Lucas González ha encadenado tantas citas en el Hospital Teknon que ya reconoce los pasillos de memoria. El vocalista de Andy y Lucas acudió ayer a Barcelona acompañado de su esposa, María José, para someterse a una prueba que puede cerrar un calvario que dura lo que un disco de estudio: ocho meses de nebulizaciones, analíticas y esa sensación permanente de respirar por un canuto.

El cantante gaditano no esconde el cansancio, pero tampoco la esperanza. «Vamos a hacer el último ciclo de antibiótico, especializado para la bacteria que me está afectando», confesó a Europa Press antes de entrar a consulta. La frase suena a banda sonaje de serie médica, pero en su caso es la línea de flotación de una carrera que permanece en suspenso desde que un problema nasal le robó el timbre y la resistencia sobre los escenarios.

La bacteria que secuestra una gira

Desde el pasado verano, el dúo andaluz ha ido cancelando fechas mientras González se sometía a cultivos, biopsias y tratamientos hiperbáricos. La bacteria —que él prefiere no bautizar— colonizó los senos paranasales y generó una sinusitis crónica que los antibióticos de primera línea no lograron tocar. El resultado: tejido inflamado que no cicatriza y unas cuerdas vocales que, según sus fisioterapeutas, «trabajan con el freno puesto».

La intervención, programada solo cuando los médicos certifiquen que no queda rastro de infección, consistirá en una cirugía endoscópica que abrirá el conducto nasal y limpiará los focos inflamatorios. «Más vale esperar un poco y que todo salga perfecto que adelantarse y arriesgar la voz», razona. La lógica es aplastante: sin respiración, no hay vibrato; sin vibrato, no hay Andy y Lucas.

Nuevas canciones en la sala de espera

Nuevas canciones en la sala de espera

Mientras la sanidad privada hace sus cálculos, la música no ha parado. González asegura que ya tiene «tres o cuatro temas cerrados» y que el sonido mantiene la esencia de los 90, pero con letras que hablan de «resistencia y segundo acto». La inspiración, dice, llega entre nebulizador y nebulizador, cuando el silencio forzado convierte cada respiración en un metrónomo.

La pareja salió del Teknon con el paso más ligero. María José llevaba la carpeta médica convertida en carpeta de letras; Lucas, una gorra negra para evitar flashes que aún no desea. En la estación de tren, antes de coger el Ave a Madrid, dejó caer la única fecha que aún no puede escribir en la agenda: «Después de Semana Santa, volvemos. Entonces sí que ya os contaré algo concreto». La frase huele a final de capítulo, pero nadie se atreve a cantar victoria.

El dúo ha vendido más de dos millones de discos. Su último álbum, Radio Sexy, ya rozaba el oro cuando la nariz dijo basta. La incógnita ahora es si la garganta aguantará el mismo viaje que la ilusión. La respuesta llegará en una sala de operaciones del Teknon, donde una bacteria y una voz se juegan el mismo futuro: el de un pop español que aún sabe a mar y a tabernas de Cádiz.