Lucas pertossi rompe el silencio: la charla en la hamburguesería que nadie quiso escuchar
Cinco años después de la paliza que mató a Fernando Báez Sosa, Lucas Pertossi grabó su primera entrevista desde el pabellón 4 de la cárcel de Dolores. La frase que repitió hasta el cansancio —«Yo no lo toqué»— se desinfla cuando reconoce que, minutos después del crimen, compartió mesa y papas fritas con los asesinos sin que nadie dijera una palabra sobre el cuerpo que yacía en la vereda de Playa Grande.
La noche que se hizo trizas en villa gesell
La cámara de seguridad de Crónicas, la hamburguesería de la avenida 3, los grabó a las 5:12. Pertossi lleva puesto el mismo buzo gris que usó para filmar los videos de la previa. Thomsen, condenado a prisión perpetua, se seca las manos con una servilleta. No hay sangre visible, pero sí una risa que Pertossi ahora describe como «vacía». Asegura que hablaron «de minas, de la fiesta, de lo que íbamos a desayunar». Lo que nadie mencionó —y aquí su voz se quiebra— fue el pibe que dejaron desangrando a tres cuadras.
El relato encaja con la estrategia que su nuevo abogado, Ignacio Nolfi, presentó ante la Cámara de Gesell: una defensa común que ignoró matices. Según el escrito, al que tuvo acceso este diario, el propio fallo reconoce que Lucas no golpeó a Fernando, pero lo condenó igual por ser «partícipe secundario». La contradiccción es brutal: si no hubo contacto, ¿por qué 15 años? La respuesta judicial reside en un artículo del Código Penal que castiga la «participación determinante» sin importar el grado de violencia. Es la misma norma que permite encarcelar al lookout de un asalto aunque jamás haya entrado en la sucursal.

La grabación que él mismo filmó y que lo condenó
Pertossi insiste en que su teléfono solo registraba «para subirlo al Instagram de los pibes». El video, sin embargo, se convirtió en prueba clave: muestra a los ocho rugbiers coreando «mala leche» minutos antes de cruzarse con Fernando. El fiscal Gustavo Obarrio lo usó para construir la figura de agrupación de agravio, un agravante que suma diez años a cualquier pena. «Si no grababa, quizá hoy estaría en mi casa», dice Lucas, y la frena su propio abogado: «No hablemos de si, hablemos de que la defensa no te dejó declarar».
En la entrevista, Pertossi revela que Tomei les prohibió subir al estrado para «no romper la unidad del bloque». La táctica terminó siendo un boomerang: todos quedaron pintados con el mismo pincel. Ahora pide un nuevo juicio basado en el artículo 444 del Código Procesal que permite revisar sentencias cuando hay «defensa técnica deficiente». El recurso puede tardar dos años. Mientras tanto, cumple su condena en la Unidad 9 de Olmos, donde lo tienen aislado porque «el resto de los presos no tragan a los rugbiers».
La madre de Fernando, Graciela Sosa, escuchó fragmentos de la nota y resumió su reacción en una palabra: «impunidad». Para ella, el arrepentimiento llega tarde y mal: «Dice que no lo tocó, pero tampoco frenó a los que sí». El dato médico cierra cualquier atisbo de duda: Fernando murió por traumatismo de cráneo y tenía 28 hematomas; ninguno atribuible a Lucas Pertossi. Aún así, la Justicia lo considera responsable de no evitar lo que llamó «una tragedia que se fue de las manos». Cinco años después, la frase suena a epitafio para dos vidas truncas: la del pibe que nunca más llegó a la facultad y la del rugbier que nunca más saldrá antes de los 35.
