Lula apuesta otra vez por alckmin: el centroderecha que le devolvió el poder vuelve a la carrera presidencial

Lula da Silva acaba de confirmar lo que muchos en Brasília murmuraban desde hace semanas: Geraldo Alckmin repetirá como su compañero de fórmula en octubre. El anuncio, breve pero cargado de simbolismo, llega justo cuando el mandatario más popular de Brasil necesita blindarse contra el fantasma del bolsonarismo y la economía que vacila.

El mensaje cayó este martes en São Paulo, la misma ciudad que vio a Alckmin, ex gobernador tucano, sellar una alianza impensable hace dos años: el hombre que fue rival de Lula en 2006 aceptó ser su escudo en 2022. El resultado: 50,9 % de los votos y la expulsión de Jair Bolsonaro del Palacio do Planalto. Ahora, con 73 años y la serenidad de quien ya no tiene nada que demostrar, Alckmin acepta repetir la jugada.

La razón oculta detrás del anuncio

Lo que nadie dice en voz alta es que Lula no puede darse el lujo de perder São Paulo. El estado aporta el 33 % del PIB brasileño y fue el único gran bastión donde Bolsonaro le ganó en la segunda vuelta. Alckmin, que gobernó esa tierra durante ocho años, sigue siendo el político mejor ponderado entre los empresarios y la clase media que aún desconfía del Partido de los Trabajadores. Su imagen de gestor austero contrasta con la vorágine fiscal que el mercado atribuye a la ortodoxia de Fernando Haddad en Hacienda.

En el Palacio de Planalto saben que la recesión técnica de los últimos dos trimestres puede convertirse en un boomerang electoral. Por eso la repetición de la fórmula no es un gesto de lealtad; es un seguro de vida. Con Alckmin a su lado, Lula apuesta a que los inversores extranjeros no fuguen capitales y los brasileños que temen el regreso del populismo respiren antes de votar en la segunda vuelta.

El detalle que más molesta al ala dura del PT es que Alckmin no solo acepta repetir; exige control sobre la política de infraestructura y puertos, el gran botín de 40.000 millones de reales que el gobierno planea licitar antes de 2026. Fuentes del Palacio cuentan que el vicepresidente ya blindó a su ex secretario Patrícia Ellen al frente de un nuevo superministerio logístico. El mensaje es claro: si Lula quiere paz, tendrá que repartir.

El bolsonarismo revive y el centro se estrecha

El bolsonarismo revive y el centro se estrecha

Mientras tanto, Bolsonaro, todavía inhabilitado hasta 2026, ya lanzó desde Orlando su operación “Alckmin 2026”. La consigna: mostrar al vicepresidente como un “tucano infiltrado” que prepara su propia candidatura si Lula no termina el mandato. La estrategia divide aguas dentro del PL: un sector cree que Alckmin puede robarles el voto moderado; otro calcula que su presencia en la boleta diluye la polarización y les permite ganar la guerra de desgaste en el Congreso.

El anuncio de este martes también sella la suerte de Simone Tebet, la senadora que soñaba con ser la gran sorpresa del centro. Con Alckmin en la cancha, el espacio para una tercera vía se reduce a la mitad. La última encuesta de Datafolha ya lo adelantaba: el ex gobernador duplica la intención de voto de Tebet en São Paulo y la triplica en el sur del país.

El presidente lo sabe. Por eso, cuando le preguntaron si la fórmula podría cambiar antes de octubre, Lula respondió con una frase que sonó a epitafio: “Alckmin se queda, porque Brasil no puede volver a equivocarse”. La frase resume el riesgo que corre el mandatario: si la economía no despega, el centroderecha que lo salvó en 2022 podría ser el mismo que lo liquide en 2026. El ciclo de la alianza que paró el bolsonarismo empieza su segunda vuelta. Esta vez, sin red.