Madres de desaparecidos irrumpen en la fiesta del fútbol: su grito se escuchó antes del méxico-portugal
A menos de un kilómetro del lugar donde miles de aficionados vitoreaban la reapertura del estadio Ciudad de México, Brenda María Valenzuela alzó una lona con la foto de su hijo Carlos Emilio Galván y gritó hasta que la voz le tembló. No pedía un gol; exigía un cuerpo. A tres minutos del primer saque, ella y decenas de madres colgaron carteles en la avenida Río Churubusco con un mensaje que nadie quería leer: “Se necesitan dos estadios Azteca para que quepan los desaparecidos”.
La protesta, convocada por colectivos de familias de víctimas, irrumpió la tarde del 28 de marzo en la previa del amistoso México-Portugal. No fue una coincidencia. Fue una estrategia: colocar el dolor donde las cámaras no podían ignorarlo. Y funcionó. Las imágenes de las mantas cruzaron WhatsApp antes de que el balón rodara y, cuando el himno nacional aún se escuchaba dentro del coloso, afuera las madres ya habían cambiado la narrativa del día.
El último trago en la terraza valentino
Carlos Emilio tenía 24 años cuando el 25 de marzo de 2025 entró al bar La Terraza Valentino, en la Zona Dorada de Mazatlán. No salió. La Fiscalía de Sinaloa dice tener un video que lo muestra marchándose acompañado; la familia nunca lo vio. Lo que sí vieron fue al entonces secretario de Economía estatal, Ricardo Velarde Cárdenas, dimitir días después de que se filtrara su nombre en la investigación: el bar figuraba como parte de su red de negocios.
Desde entonces, Brenda ha recibido tres amenazas de muerte y cero certezas. El juez federal que le negó un amparo en febrero argumentó que “la falta de información no constituye tormento”. La sentencia, de ocho páginas, no menciona que en Sinaloa hay más de 3 200 personas reportadas como desaparecidas y que, según datos oficiales, solo se han localizado 42 cuerpos en el último año. La cifra habla por sí sola: el 98 % de los huesos siguen sin nombre.

Los chapitos, el bar y el negocio de la ausencia
Investigaciones de Pie de Página y el periodista Luis Chaparro apuntan a Víctor Manuel Barraza Pablos, alias “El 40”, jefe de plaza de Los Chapitos en Mazatlán, como el hombre que ordenó la desaparición. El Departamento del Tesoro de EE.UU. lo señala por secuestro y extorsión; los negocios nocturnos de la ciudad son su caja chica. La Terraza Valentino era una de ellas. El modus operandi se repite: jóvenes consumen, alguien filma, alguien cobra. Y si no pagan, desaparecen.
La familia de Carlos Emilio no tiene escolta. La primera amenaza llegó por Facebook: una foto de su casa con un mensaje que decía “¿Buscás algo?”. La segunda, un sobre con balas de fusil AR-15 debajo de la puerta. La tercera, una llamada anónima durante la misa de domingo: “Dejen de joder o el próximo es el pequeño”. El pequeño tiene 11 años y aún va a la primaria.

Cuando el país celebra y ellas siguen contando huesos
Minutos antes del pitido inicial, Brenda se subió a un banco frente a la escultura El Sol Rojo de Calder y leyó un papel sin titular. “No estamos contra el fútbol; estamos contra el olvido”, dijo. A su lado, Doña Rosalba sostenía la camiseta de la selección tejida con los rostros de sus tres hijos desaparecidos en Tamaulipas. Más allá, un grupo de adolescentes colgó una manta sobre la avenida Insurgentes: “México juega, México olvida, México entierra”.
La policía capitalina observó desde la esquina. No intervino. Tal vez porque saben que, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, se reportan 13 nuevas ausencias cada día. O tal vez porque, en el fondo, también están cansados de custodiar fiestas mientras sus propios parientes siguen sin aparecer.
El partido terminó 2-1 para México. Afuera, cuando se apagaron los reflectores, Brenda recogió la lona y la dobló con la misma precisión con la que antes doblaba las camisetas de su hijo. “Mañana hay otra búsqueda en Concordia”, me dijo mientras guardaba la foto. “Si no lo encuentro, al menos que no encuentren paz los que lo desaparecieron”.
La cifra definitiva: desde que Carlos Emilio desapareció hace 368 días, han sido encontrados 78 cuerpos en fosas de Sinaloa. Ninguno es él. El estadio lleno fue solo una postal. La próxima vez que veas un partido de la selección, cuenta las butacas vacías: cada una es un hueso que falta por nombrar.