Mar del plata se hunde en siete minutos: kayaks y tablas de surf en plena avenida
Siete minutos bastaron para que Mar del Plata olvidara que es primavera. A las 14:37, una nube pizarra estalló sobre el sur de la ciudad y dejó calles convertidas en canales, autos flotando como botes de juguete y a dos vecinos remando entre cordones de vereda con kayaks de colores. Ni el Servicio Meteorológico Nacional —que había dado la voz de alerta apenas siete minutos antes— previó un chaparrón tan rabioso: 42 mm que cayeron a hacha y que el sistema de drenaje ni siquiera intentó tragar.
El agua llegó antes que la alerta
El aviso oficial saltó a las 14:30, cuando los primeros goterones ya golpeaban los postes de luz. La vigencia: una hora. La realidad: un diluvio exprés que dejó bajo el agua a Punto Mogotes, el puerto y la avenida Juan B. Justo, la artera que une la zona industrial con los barrios más humildes. Allí, los conductores vieron cómo el agua les trepaba hasta los vidrios sin darles tiempo a estacionar en bocacalle. «Parecía que el mar se había mudado de lugar», me dijo Claudio Álvarez, taxista que llevó a una familia hasta el hospital y terminó rescatando a una mujer con su perro sobre el techo del auto.
El agua corría con pendiente natural hacia la costa, arrastrando basura, macetas y el orgullo de una ciudad que se jacta de soportar temporal tras temporal. En Diagonal Gascón, un grupo de adolescentes sacó un gomón hinchable, lo lanzó desde la vereda y lo utilizó como tobogán improvisado. «Nos filmamos, subimos el video y en cinco minutos nos llegaron ofertas para vender cervezas artesanales», bromeó Lautaro Benítez, de 19 años, mientras su amigo remaba con una pala de nieve.

Invisible infraestructura, visible improvisación
Los planes de contingencia brillaron por su ausencia. La Defensa Civil repartió mensajes de WhatsApp con recomendaciones de siempre: «Evite cables, descontele electrodomésticos, no se refugie bajo árboles». Pero la calle ya era río y los árboles, islotes. El SAME atendió 17 llamados por cables caídos que nunca llegaron a caer: fueron los vecinos quienes, ante el olor a quemado, decidieron bajar la llave general. La línea 107 colapsó. La 103 también. «Nos quedamos sin batería en el centro de monitoreo», confesó una operadora bajo condición de anonimato.
El problema no es nuevo: Mar del Plata crece en altura hacia el oeste, pero sus caños siguen siendo los mismos que instaló Armando Rodó cuando el puerto era puerto y no parque de lujo. El sistema de desagües pluviales fue diseñado para 180 mm anuales; en lo que va del año ya llevan 290 mm y abril no ha empezado. «Cada gota extra es una factura que le enviamos al mar», resume Roberto López, ingeniero hidráulico jubilado que recorrió los barrios con un palo de golf para medir la profundidad de las lagunas urbanas: 70 cm en Juana Manso y Solís, 65 cm en la rotonda del puerto.

El clima que viene: más de lo mismo, pero peor
El SMN actualizó su parte a las 20:00: probabilidad de lluvias entre 70 % y 100 % para hoy, 40 % a 70 % esta noche. El miércoles, 1 de abril, el cielo volverá a apostarle al mismo número. La atmósfera inestable se debe a un canal de vientos del noreste que introduce humedad desde el Atlántico y un frente frío que se estaciona sobre la cordillera como quien se queda a dormir en un sofá ajeno. «No habrá granizo, pero sí descargas eléctricas que pueden dejar zonas sin luz», advirtió Cindy Ramírez, meteoróloga de la estación local.
Mientras tanto, los kayaks siguen guardados en los balcones, listos para la próxima siete-minutazo. El agua bajó, el barro quedó, y la ciudad respira con la certeza de que la próxima vez no habrá aviso que valga. Porque cuando el cielo se rompe, Mar del Plata se convierte en su propio mar: salado, impredecible y, sobre todo, sin salvavidas.