Marc márquez arrastra un brazo hinchado y la sombra de una sanción que le niega el podio en austin
El asfalto de austin dejó a Marc Márquez con la quinta plaza y la mandíbula apretada. La bandera a cuadros confirmó lo que ya olía en el box: la penalización por cortar la trazada en la primera vuelta le despojó de la pelea por el cajón. «Las sanciones siempre llegan cuando más duelen», soltó el de Cervera con el antebrazo derecho tan abultado que la musculatura se le marcaba bajo la chaqueta como una coraza rota.
El jueves, una caída de esas que hacen crujir los huesos. El viernes, un brazo que se le despertaba pulsátil. El domingo, una penalización de largueza discutible y un Ducati GP26 que, pese a todo, respondía a medias. «Sin la penalización hubiéramos discutido el podio, pero no la victoria», reconoció Márquez mientras el hielo le cubría la extremidad como un sudario provisional.

Aprilia se pasea en el templo de las ducati
El trazado texano, un anticuario de curvas rápidas y rectas cortas, se convirtió en feudo de Aleix Espargaró y su Aprilia RS-GP. La marca de Noale logró aquí su primer triunfo en seco desde que regresó a la categoría reina. Márquez no se sorprende: «Ya avisé que Aprilia podría obligar a Ducati en este circuito, pero también hay que leer el gps del propio cuerpo». Traducción: cuando el brazo pesa diez kilos más, la electrónica importa menos que la morfina.
El asturiano, que suma 27 puntos y marcha quinto en el mundial, tiene ahora veintiún días para que la inflamación baje y la confianza suba. Qatar fue un susto, Portimao un espejismo; austin, un recordatorio de que el cronómetro no entiende de herencias ni de récords. «Tres semanas para seguir evolucionando», dijo, aunque evolucionar aquí es sinónimo de despertar sin necesidad de muletas.
La próxima cita, Jerez, su patio. Allí el brazo deberá estar menos hinchado y la Ducati más fina. Porque en el mosaico del campeonato, cada pieza que falta acaba siendo una losa. Y Márquez sabe que ya no puede permitirse perder ni una.
