Médicos hartan al congreso: 101.128 firmas contra la muerte en guardia
Una ambulancia recorre Madrid a las 4 de la mañana. Dentro va un médico de guardia que lleva 18 horas sin descanso. Su error puede costar una vida. Ese dramático silencio ha saltado este lunes en la puerta del congreso: 101.128 firmas han sacudido la puerta de la Cámara baja para exigir que la sanidad deje de jugarse la vida a la ruleta del cansancio.

La doctora contreras lleva las voces de la plantilla
Tamara Contreras, médica de familia en Cádiz y cara visible del movimiento Sanidad Pública Segura, ha entregado la pila de papeles con un guante de látex: «Aquí hay firmas de compañeros que han visto morir pacientes por su propio desfallecimiento». La cifra habla por sí sola: más de cien mil, recogidas en tres meses, sin estructura sindical detrás, solo WhatsApp y pasillos de hospital.
Lo que nadie cuenta es que detrás de cada rúbrica hay una historia de desgaste. En Urgencias de La Paz, un residente se desmayó al año de carrera. En el Clínic de Barcelona, una interna se equivocó de vía y casi provoca una embolia. En Seveta, una pediatra rompió a llorar en medio de una consulta. «No pretendemos que las guardias de 24 horas desaparezcan de golpe, pero sí que dejen de ser la norma para que el siglo XXI no acabe con médicos del siglo XIX», ha zanjado Contreras.
El movimiento ya ha pasado por Sumar y por el PP. Les quedan Vox y el PSOE. En cada reunión repiten la misma letanía: eliminar las 24 horas de forma progresiva, acabar con las horas complementarias que obligan a cubrir la sanidad con la venda de la extenuación y renegociar el Estatuto Marco que el Ministerio prepara sin la bata puesta. «Antes el médico era el rico del pueblo; ahora, si cobramos más, es porque trabajamos el triple», ha ironizado la doctora mientras sostenía el cartel de una huelga que aún no tiene fecha pero que ya huele a cicatriz.
El congreso, mientras tanto, guarda silencio. Las puertas de cristal se abren y cierran. Dentro, los diputados discuten otras urgencias. Fuera, los médicos recuerdan que la seguridad del paciente empieza por la del profesional. La frase que han dejado caer es demoledora: «Este ya no es un conflicto laboral; es un problema de ciudadanía». La próxima ambulancia que suene podría llevar tu nombre.
