Melgar se ahoga en plena semana santa y cafam deja a 100 familias a merced del agua

Las aguas de la quebrada La Melgara no avisaron. A las 1:30 de la madrugada del lunes 30 se abrieron paso entre las cabañas del centro vacacional Cafam Melgar arrastrando neveras, camas y coches mientras 100 familias despertaban con el agua hasta la cintura y sin un solo empleado que les dijera qué hacer.

El desastre coincidió con el pico de ocupación del municipio, convertido en refugio de bogotanos que huyen del frío. El testigo que relató la pesadilla a La FM prefiere no dar su nombre: prefiere olvidar cómo su hijo de ocho años subió a la mesa de la cocina para no ser arrastrado. En la zona F, donde alquilan casas para seis personas, la corriente se llevó nueve vehículos y el mobiliario completo de al menos veinte cabañas. El daño materialexiste; el daño reputacional, en proceso.

La omisión que nadie firmó

Cafam calla. A las seis de la mañana los afectados seguían sin plan de evacación oficial, sin botiquines, sin una hoja de ruta. Un recepcionista —único representante visible— los condujo a una iglesia del municipio y desapareció. Desde entonces, nadie de la directiva ha comparecido. La empresa, sin embargo, publicó en sus redes una foto de la piscina sin nubes y la frase «disfruta Melgar». El comentario fue borrado cuando alcanzó 300 reclamos en diez minutos.

La Alcaldía de Melgar prometió «intervención inmediata» y envió un equipo de bomberos… a las 10 a.m., cuando el agua ya había bajado y los turistas empapados empacaban sus cosas en bolsas de bascura. El secretario de Gobierno, Óscar Rodríguez, asegura que «la quebrada creció de forma inesperada». Lo que omite es que La Melgara lleva tres años señalada en el Plan de Gestión del Río Cuiloto como cauce de alto riesgo por deforestación de sus márgenes.

Los hoteleros independientes, sin embargo, no tienen tiempo para eufemismos. «Se acabó la Semana Santa», resume Marta Pinzón, propietaria de cinco cabañas frente al desbordamiento. Ella perdió tres habitaciones en planta baja y estima que la ocupación local caerá un 60 % durante los puentes restantes. «El miedo se queda», sentencia.

El precio de ignorar el mapa

El precio de ignorar el mapa

El Instituto de Hidrología alertó en enero: la Niña continúa y los caudales pueden aumentar 40 % en el Magdalena-Cundinamarca. La advertencia, visible en la página web del IDEAM, no llegó al área comercial de Cafam. Tampoco al municipio: el plan de contingencia turística de Melgar data de 2019 y contempla como escenario máximo «lluvia moderada».

Los afectados ya organizan una acción colectiva. Calculan daños por 1.200 millones de pesos entre vehículos, electrodomésticos y alojamientos cancelados. El abogado que coordina la demanda, Javier Rueda, asegura que la demanda civil incluirá al operador turístico y a la administración municipal por omisión de medidas preventivas. La cifra habla por sí sola: 80 niños menores de edad dormidos cuando el agua rompió las puertas corredizas.

Mientras tanto, la quebrada sigue allí, más ancha, más furiosa. La próxima temporada de lluvias comienza en mayo. Y en la iglesia donde aún hoy duermen diez familias sobre bancas de madera, nadie se atreve a mirar el cielo.