Melilla entrega su primer aval a jóvenes y desbloquea 3 millones para que nadie se vaya

Una melillense de 34 años ha cruzado este lunes la puerta del notario con las llaves de su primera casa en el bolsillo y 19.200 euros de dinero público respaldando su hipoteca. Es la primera beneficiaria del programa ‘Melilla Joven’, una caja de resistencia de tres millones que la Ciudad Autónoma ha abierto para que la juventud local no tenga que elegir entre emanciparse o abandonar la ciudad.

La guerra por la juventud se libra en el 15 % de un piso

El dato parece minúsculo: 19.200 euros. Pero detrás de esa cifra hay una factura que Melilla no podía seguir pagando: el éxodo de menores de 40 años que, ante el precio del m2 y la ausencia de aval familiar, se planteaban cruzar el Estrecho. La solución ha sido convertir a Emvismesa —la empresa municipal de suelo— en garante del 15 % del valor de la vivienda, hasta un tope de 30.000 euros por cabeza.

El efecto llamada ya se deja notar. Cajamar Caja Rural tiene otras dos escrituras a punto de firmar y tres expedientes más en fase de estudio. Unicaja Banco, la segunda entidad adherida, ultima el protocolo para sumarse al lote. En total, la Ciudad Autónoma calcula que el fondo podrá blindar un centenar de operaciones sin que el bajo patrimonio familiar siga siendo el veto silencioso a la independencia.

El truco está en no pedirle milagros al mercado

El truco está en no pedirle milagros al mercado

El programa no interviene sobre el precio: el techo sigue siendo 250.000 euros. Tampoco regala el piso: la beneficiaria aporta el 85 % restante con su hipoteca. Lo que rompe es la traba clásica del 20 % de entrada que los bancos exigen cuando no hay aval externo. En Melilla, donde el salario medio joven ronda los 1.300 euros y el m2 supera los 1.600, ese porcentaje equivalía a una condena.

La joven firmante, empleada en la administración local, adquirió un ático de 90 m2 en la zona de la Cañada de Hidum. La operación cerró en 128.000 euros; Emvismesa respondió por los 19.200 que le faltaban. El banco, satisfecho, asumió el riesgo restante. Tres meses después de la convocatoria, el programa ha demostrado que la demanda existe y que la garantía pública es suficiente para desatascarla.

El consejero de Obras Públicas, Mohamed Alí, lo resume con una frase que suena a desafío: “No vamos a convertirnos en la ciudad donde los jóvenes solo vuelven de vacaciones”. La próxima prueba de fuego será comprobar si la medida acelera también la construcción de vivienda nueva, algo que Melilla lleva años reclamando sin éxito. Mientras tanto, ella ya tiene llaves. Y la Ciudad Autónoma, una herramienta para que la fuga de talento deje de ser el guion inevitable de cada generación.