Melilla grita al gobierno: 'somos españoles sin descuento de guerra'
La frontera sur se quema y los camiones pagan el precio. Mientras en la península el IVA del combustible cae, en Melilla el gasóleo roza los 2 €/l y cada caja que entra por el istmo se encarece por el mismo conflicto que hipoteca al resto del país. El vicepresidente Miguel Marín ha estallado este lunes: «El Gobierno se ha olvidado de que existen dos ciudades españolas y europeas en África».
El olvido que cuesta 20 céntimos por litro
El decreto anticrisis blinda bolsillos en la Península, Canarias, Baleares… pero deja fuera a Ceuta y Melilla. Aquí no hay IVA que rebajar; aquí hay un censo de 86 000 personas que pagan el IPREM más bajo y el peaje marítimo más caro de Europa. Marín pide ahora una compensación directa: 20 céntimos por litro, la misma rebaja que se aplica en el resto del país via impuestos. «No es solidaridad; es justicia aritmética», sentencia.
La segunda exigencia es una estocada a la logística insular que sufre la ciudad. Melilla importa el 98 % de lo que consume. Cada camión que atraviesa el estrecho paga un sobrecoste de 400 € por travesía; el conflicto ucraniano encareció ese pasaje un 35 % en tres meses. El Ejecutivo local reclama una subvención inmediata al transporte de mercancías que nivele la cancha: 150 € por tonelada hasta que el precio del barril baje de 80 dólares.

La barrera invisible del 0 % iva
Ceuta y Melilla viven en una anomalía fiscal: no pagan IVA, sino el IPSI (un impuesto local menor). Cuando el Gobierno rebaja el IVA, aquí no baja nada. «Nosotros también respiramos el mismo aire caro que Madrid», ironiza un transportista que acaba de pagar 1 840 € por llenar su camión. La solución pasa por crear un fondo de compensación regional, algo que Hacienda estudia pero que, según Marín, «llegará tarde si esperamos a la próxima ley de Presupuestos».
El escenario se complica: si el precio del gasóleo se dispara otra vez, el coste de la vida en Melilla puede crecer un 8 % antes de verano. La ciudad ya soporta el IPC más alto del país (10,4 %) y el salario medio más bajo. «Aquí no hay metro, no hay AVE, solo un puerto y una esperanza», resume la presidenta de la asociación de comerciantes, que lleva tres semanas sin poder reponer existencias de aceite de girasol.
Mientras, en el puerto, los gruas descargan contenedores con precios nuevos cada 48 horas. La guerra sigue y Melilla, sin IVA que rebajar, cuenta los céntimos. El Ministerio de Transportes promete una respuesta «en días», pero en la ciudad ya se olfatea el guiso de elecciones. La factura del olvido pesa 2,3 millones de euros al mes; la paciencia, mucho menos.
