Meloni sobrevive al cimbronazo judicial y blinda su ejecutivo hasta 2027
Italia respira. Giorgia Meloni ha cerrado filas tras la debacle del referéndum y, en menos de 24 horas, ha sellado la paz interna con su derecha. Nadie se mueve. Ni Tajani, ni Salvini, ni siquiera los moderados de Lupi contemplan un adelanto electoral. El mensaje es claro: la legislatura llegará hasta el verano de 2027, pase lo que pase.
El golpe que no derribó a la primera ministra
La victoria del No hace diez días fue un latigazo. La reforma judicial que prometía más control político sobre el Consiglio Superiore della Magistratura cayó por 59 % frente a 41 %. Meloni, acostumbrada a vencer, vio cómo su proyecto estrella se hundía y cómo dos altos cargos del Ministerio de Justicia y la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, dejaban sus cargos por errores de campaña. La prensa romana habló de «ira de la jefa» y empezó a sonar la palabra elecciones.
Pero hay un detalle que pocos contaron: el quórum. Solo votó el 31 % del censo. La abstención no fue una rebelión contra Meloni, sino contra la política en bloque. La premier lo leyó al instante. Si la mayoría silenciosa prefiere quedarse en casa, ¿por qué convocarles de nuevo a las urnas? Mejor apretar los dientes y seguir. Así se lo transmitió a Tajani y Salvini en la videoconferencia del lunes por la mañana: «No tocamos la fecha. Agotamos la legislatura».

La economía como escudo político
El martes será la prueba del algodón. El Ejecutivo someterá a confianza un decreto contra la factura energética que trepa al 40 % en el norte industrial. La maniobra tiene doble filo: si sale adelante, Meloni exhibe músculo parlamentario; si cae, tendrá la excusa perfecta para culpar a la oposición de bloquear el alivio a familias y empresas. La cifra habla por sí sola: 3,2 millones de pymes italianas dependen del gas y la luz que compran cada mes.
Mientras tanto, en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara empieza a circular el nuevo texto electoral. No es una reforma cualquiera: reduce el número de parlamentarios en un 20 % y blinda listas cerradas para evitar fugas internas. La derecha quiere tenerlo listo antes del verano. Si lo logra, Meloni se presentará en 2027 con las reglas que ella misma ha diseñado. El Pd y el M5S ya han anunciado recurso ante la Corte Constitucional, pero el tiempo judicial italiano juega a favor de la premier.
En el Palazzo Chigi cuentan que la premier ha aprendido la lección de Mario Draghi: los gobiernos en Italia no los tumba la calle, los tumba la inflación. Por eso el plan Mattei para convertir a Italia en el hub de gas del Mediterráneo avanza a pesar del veto francés al gasoducto MidCat. Y por eso el Tratado del Quirinal con Argelia sigue engordando: Roma ya compra el 30 % de su gas argelino y negocia subirlo al 40 % antes de 2026.
La última vez que un gobierno italiano agotó la legislatura fue en 2001. Berlusconi logró los cinco años gracias a la ley de estabilidad y a una oposición dividida. Meloni repite la fórmula: tiene la economía como escudo, a la izquierda en plena guerra civil y a la Liga y Forza Italia atadas a su barco. Lo que nadie cuenta es que, si llega viva a 2027, será la primera presidenta del Consiglio que completa un mandato entero. En la eterna Roma, donde los gobiernos duran menos que una estación, eso ya es historia.
