México aprieta el cinturón y gana: su deuda baja 6,4 % en 60 días

México acaba de demostrar que se puede respirar en una economía asfixiada. En plena guerra de divisas y con la amenaza de aranceles en el horizonte, el país reduce el costo de su deuda un 6,4 % en apenas dos meses. La razón: un peso que se fortalece y un Gobierno que, por primera vez en lustros, prefiere la calculadora al micrófono.

El tipo de cambio, ese aliado inesperado

El dólar cerró febrero en 17,5 pesos, tres unidades por debajo del 20,5 que tocó en 2025. Ese trinquete, que tanto turista festeja, le ahorró a Hacienda 33 000 millones de pesos solo en intereses de la deuda. La apreciación no es magia: flujos de remesas récord, inversiones cautelosas que llegan antes que Trump tome posesión y una tasa de la Fed que deja de ser tan agresiva. El resultado: la deuda sobre el PIB se queda en 49,8 %, lejos del 60 % que hoy maneja Brasil y del 55 % con el que desayuna Argentina.

La jugada maestra, sin embargo, no fue dejar correr al peso, sino blindarse antes. El 78 % del portafolio gubernamental está en moneda nacional, a tasa fija y con vencimientos que promedian diez años. Traducción: si el dólar se dispara de nuevo, el erario no tiembla. La deuda externa, esa que sangra reservas, apenas representa el 22 % del total. Nunca en los últimos quince años un secretario de Hacienda —Raquel Buenrostro, en este caso— había logrado tanto margen de maniobra con tan poco ruido mediático.

Isr, el pequeño ogro que come más que el iva

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Mientras el IVA retrocede un 8,8 % por la fuerte base comparativa y la apreciación que encarece las importaciones en pesos, el Impuesto Sobre la Renta crece 4,9 % y deja 33 000 millones extras en las arcas. El secreto: salarios que por fin vencen a la inflación y empresas que, ante la incertidumbre, no se atreven a evadir. El SAT, con su nuevo escáner de facturas electrónicas, ha duplicado en un año el número de contribuyentes grandes bajo auditoría. No hace falta subir impuestos si convences a los evasores de que ya no vale la pena jugar al gato y al ratón.

El otro gran beneficiado es el IEPS, que sube un 14,2 % gracias a la gasolina. El Gobierno retiró en enero el estímulo fiscal que mantuvo artificialmente barato el combustible durante 2025. El resultado: cada litro ahora aporta 1,6 pesos más al erario. Fuma y toma Coca, por cierto, también ayudan: tabacos y bebidas azucaradas aportaron un extra del 11,3 %.

El gasto que sí crece… pero solo en salud

El gasto que sí crece… pero solo en salud

El gasto social aumentó 12,4 %, pero no se lo llevaron los programas electoreros. El 60,8 % de ese incremento fue para medicinas, hospitales y vacunas. El INSABI, convertido en monstruo burocrático durante la pasada administración, recibió en febrero su mayor partida desde 2020. La contrapartida: obra pública crece solo 1,2 % y los subsidios a la CFE se congelan. El mensaje es claro: primero la vida, después el concreto.

Pemex, por su parte, logró por primera vez en diez trimestres un flujo operativo positivo sin recurrir a transferencias de Hacienda. El truco: exporta más crudo que nunca a precios cercanos a los 80 dólares el barril y deja de subsidiar gasolinas que luego revende con pérdida. El gigante dormido ya no es lastre, aunque nadie se atreve a cantar victoria: la deuda de la empresa aún roza los 100 000 millones de dólares.

La moraleja llega en una sola línea: cuando el tipo de cambio juega a favor y el gasto se mide con cinta métrica en lugar de con encuestas, hasta la deuda más feroz amansa su rugido. México acaba de ganar una batalla. Queda la guerra de Trump, la guerra de las tarifas y la guerra interna contra la informalidad. Pero, por hoy, el 6,4 % es un golpe de autoridad que retumba más que cualquier declaración presidencial.