México arma el diálogo con china: aranceles, apec y la guerra del acero
México no se arredra. Marcelo Ebrard, el hombre que maneja la economía del país, anunció que este 2024 habrá varias mesas de negociación con Pekín para desactivar la tensión arancelaria que estalló la semana pasada. La primera gran cita: el grupo de alto nivel que, en teoría, debería reunirse en territorio chino. Aún sin fecha, pero con mucho en juego.
Ebrard lo dejó claro durante una conferencia de prensa en la Ciudad de México: “Este año habrá varias reuniones, sobre todo la del grupo de alto nivel, porque corresponde llevarla a cabo”. La frase suena a protocolo, pero detrás hay un tablero de ajedrez: México subió aranceles al acero, al calzado, a los textiles y al sector automotriz porque el acero chino desembarcaba a 150 dólares la tonelada, un precio que, según el secretario, “es imposible igualar sin ayuda estatal”.
La omc observa y china contraataca
China no se quedó de brazos cruzados. Abrió una investigación contra los derechos compensatorios mexicanos y, de paso, recordó a la OMC que hay reglas. La respuesta de México llegará en mayo, cuando Ginebra retome el diálogo sobre la moratoria de bienes electrónicos y digitales. Ebrard ya adelantó que México jugará duro dentro del marco legal: “No tenemos nada contra China, pero es un derecho que nos asiste”.
El plan mexicano no termina en la OMC. También incluye reducir la dependencia farmacéutica y cárnica que mantiene al país sujeto a proveedores extranjeros. La revisión del T-MEC con Estados Unidos y Canadá es la excusa perfecta para renegociar plazos y exigir más producción local. “Cada vez es más importante la conversación sobre cómo vamos a reducir la dependencia inconveniente”, dijo Ebrard, mientras lanzaba un portal de vinculación entre el IMPI y Cofepris para agilizar patentes y registros sanitarios.

El apec como escenario final
El cierre del año será en China, sede del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. México asistirá con la misión de equilibrar la balanza comercial: exporta 8.000 millones de dólares a China, pero importa 100.000 millones. La cifra habla por sí sola. Ebrard quiere que el grupo de alto nivel analice “la complejidad” que enfrentan las empresas mexicanas cuando intentan colocar sus productos en el gigante asiático. La contraparte, claro, quiere que México baje los aranceles.
La partida está servida. México apostó por la presión arancelaria. China respondió con investigaciones y lobby diplomático. La OMC observa. Y el acero, ese metal que sostiene puentes y conflictos, se ha convertido en la primera trinchera de una guerra que nadie quiere perder.
