México perfora el barro en busca de cuatro mineros atrapados desde hace cuatro días
La mina Santa Fe se tragó a cuatro hombres el 25 de marzo. Desde entonces, 300 rescatistas y 42 máquinas escarban sin descanso a 300 metros de profundidad en Chele, Sinaloa, para desenterrar la esperanza.
El barro lo atrapa todo
El lodo espeso se niega a ceder. Cada metro avanzado es una batalla contra un material que se agarra a las botas como masticador de hombres. La Coordinación Nacional de Protección Civil admite que las rampas se convierten en trampas: avanzan 1,5 km para cada kilómetro real de galería limpia.
El origen del infierno es una geomembrana rota. La capa de impermeabilización diseñada para contener los jales —residuos tóxicos de la extracción— se partió como un papel mojado y desató un tsunami de lodo que sepultó el túnel donde trabajaban 25 mineros. Veinticún lograron salir por sus propios medios. Cuatro quedaron dentro.

Los especialistas que entran al hoyo
La Comisión Federal de Electricidad aporta ingenieros que miden la tensión del aire y calculan el punto exacto donde el barro puede volver a moverse. El Grupo Frisco, venido desde Chihuahua, baja con sus perros de rescate y detectores de vida. Los Lobos de Guanaceví, veteranos en desastres mineros, revisan cada centímetro de roca como quien lee las arrugas de un abuelo.
La temperatura se mantiene en 25 grados, pero la sensación térmica es de horno: el agua del barro evapora y el vapor se pega a la piel. Las alarmas sonan cada media hora. Una sirena corta el silencio y todos corren hacia la salida. Luego se reanuda la faena.
La empresa dueña del pozo, Industrial Minera Sinaloa, firma cada plano de excavación. Su departamento de Geología controla que ningún pico toque una veta inestable. El protocolo federal exige que cada metro perforado sea firmado por un geólogo, un ingeniero de minas y un representante de Protección Civil. El trámite dura veinte minutos. Los familiares, arriba, esperan desde hace cuatro días.
Sinaloa, la mina que alimenta al país
El estado produce oro, plata y cobre que luego se convierten en cables, anillos y monedas. El sector minero aporta apenas un 2 % del PIB nacional, pero en Sinaloa significa el 18 % de su economía local. Cada familiar sabe que el mineral que brillaba en la vitrina del joyero viajó, alguna vez, por los túneles de Chele.
Mientras tanto, los equipos siguen bajando. El objetivo es claro: alcanzar el punto donde el barro terminó de tragarse a los cuatro. La cifra habla por sí sola: 1,5 km de rampa por recorrer, 300 metros de profundidad, cuatro vidas pendientes. El reloj no perdona. Cada hora que pasa, el barro se seca y se vuelve más pesado. Los rescatistas lo saben. Y siguen cavando.