México sacude a ee.uu.: llevará a la cidh la muerte de otro mexicano en custodia del ice
Claudia Sheinbaum rompe el protocolo diplomático. Este lunes la presidenta mexicana anunció que su gobierno denunciará oficialmente ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cidh) la cadena de muertes de connacionales bajo custodia del Servicio de Inmigración de Estados Unidos. El detonante: la muerte del viernes de un mexicano en el centro de Adelanto, California, donde los informes médicos hablan de negligencia crónica.

La estrategia que llega tarde pero golpea
Es la primera vez que México eleva un caso migratorio a instancias internacionales. Sheinbaum no solo firmará la queja ante la CIDH; también enviará cartas diplomáticas a Washington exigiendo explicaciones por la «atención médica deficiente» en Adelanto, un centro que lleva años en el punto de mira de organizaciones de derechos humanos por sus condiciones infrahumanas.
La cifra habla por sí sola: diez mexicanos han muerto en centros del ICE desde 2021. La mayoría por causas que los informes internos califican como «evitables». Lo que nadie cuenta es que el gobierno mexicano hasta ahora solo gestionaba excarcelaciones exprés o repatriaciones discretas. Con este paso, Sheinbaum cruza el rubicón: pasa de la queja privada al derecho internacional.
El caso que encendió la mecha es el de José Manuel L.C., oriundo de Michoacán, detenido en febrero tras cruzar la frontera solicitando asilo. Según el parte forense al que ha tenido acceso este diario, murió de peritonitis tras cinco días denunciando dolor abdominal sin recibir más que antinflamatorios. Su nombre se suma a la lista que México entregará en Washington la próxima semana.
Pero hay un detalle: la CIDH no puede imponer sanciones. Su poder es la vergüenza pública. Y en el Departamento de Estado ya se frotan la frente: saben que un proceso abierto sobre tratos crueles influye en inversiones, en tratados comerciales y, sobre todo, en la foto que Biden proyecta hacia América Latina.
Mientras tanto, en la zona fronteriza los coyotes se frotan las manos. «Si hasta la presidenta dice que nos pueden matar allá, mejor pagaré más por cruzar», comenta Elmer G., hondureño que espera en Tijuana. La ironía es brutal: la denuncia que debería proteger al migrante se convierte en argumento para los traficantes.
Sheinbaum apuesta a que la presión internacional abra una rendija en el muro político de Washington. El riesgo es que la CIDH archive el caso por falta de jurisdicción directa. Entonces la gestión quedaría en letra muerta y México volvería a la casilla de salida: funerales discretos y familias que cargan con la culpa de haber enviado a su hijo al norte.
La jugada, no obstante, ya está en marcha. La cancillería mexicana prepara un dossier médico de 400 páginas. Incluye radiografías, informes de la consulía y testimonios de internos que hablan de retención de medicinas, aislamiento como castigo y revisiones ginecológicas sin acompañante. El objetivo: que la CIDH abra un capítulo de seguimiento que obligue a EE.UU. a reformar el sistema de detención migratoria.
En Adelanto, el silencio es sepulcral. Las autoridades del ICE declinaron hacer declaraciones «hasta finalizar la investigación interna». Mientras, los relojes de las familias mexicanas siguen corriendo. Cada minuto de retraso suma un nombre más a la lista de muertos que México ya no quiere silenciar.
