Mike dee: el rapero hallado en un pozo, un final marcado por la adicción y el misterio

La escena era dantesca: un micrófono tirado entre la maleza, ropa desgarrada, un colchón abandonado. Así fue el hallazgo del cuerpo de Roberto Martín Alleruzzo, conocido como Mike Dee, el rapero que alguna vez iluminó escenarios con Los Fabulosos Cadillacs. Su muerte, ahora confirmada como homicidio, ha sacudido a la comunidad artística argentina y desenterrado un pasado marcado por la tragedia y la desidia.

Un legado musical truncado en un pozo ciego

Alleruzzo, de 58 años, fue encontrado enterrado en un pozo ciego en el patio trasero de su casa en Morón, un lugar repleto de escombros y abandonado. La imagen, según fuentes policiales, impactó al fiscal Claudio Oviedo, quien describió la escena como un reflejo del ocaso del artista, víctima de una adicción que lo había alejado de la fama y lo había sumido en el olvido. Junto a la puerta, una pila de discos contrastaba con la desolación del entorno, como un eco fantasmal de su pasado glorioso. La camisa blanca colgada en una rama, empapada por la lluvia, se convirtió en un macabro adorno de la escena.

La investigación, que se centra en un móvil de robo, apunta a dos sospechosos: Joel Ramses Baladán, quien ya ha sido arrestado, y Pablo García, quien se entregó a la policía tras un par de días prófugo. La escalofriante confesión de Baladán, quien admitió haber preguntado en un kiosco del barrio por “¿Qué jabón es mejor para sacar la sangre de la ropa?”, revela la frialdad y la premeditación con la que se planificó el crimen. Rosa, la dueña del kiosco, relató el inquietante encuentro, sin sospechar en ese momento la magnitud de la tragedia.

Pero hay un detalle que agrava aún más la situación: los vecinos aseguran haber visto a “Tito”, como lo conocían en el barrio, muy golpeado la noche anterior a su desaparición. Le ofrecieron llamar a una ambulancia, pero él se negó. ¿Se negó por miedo, por desconfianza o simplemente por el efecto de las drogas?

De la adopción a la oscuridad: la vida de un artista atormentado

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La historia de Mike Dee es una mezcla de éxito y desdicha. Abandonado en la infancia y criado por una pareja adoptiva, Alleruzzo encontró en la música una vía de escape y una forma de expresión. Su talento lo catapultó a la fama en la década de los 90, cuando se convirtió en uno de los pioneros del rap en Argentina, incluso apareciendo en el programa “Amigos Son Los Amigos”. Sin embargo, la adicción lo fue consumiendo lentamente, erosionando su carrera y destruyendo su vida personal. Su esposa, Aldana Mariela Barrios, quien lo denunció desaparecido, declaró a la prensa que lo dejó durmiendo en su domicilio el 5 de marzo, día de su cumpleaños, y que no volvió a verlo desde entonces.

La autopsia reveló que Mike Dee sufrió un traumatismo encéfalocraneano grave, producto de un golpe violento. Las lesiones cortantes en la cabeza sugieren que los asesinos utilizaron un arma blanca. Llevaba 48 horas muerto cuando lo encontraron, un tiempo suficiente para que la desesperación se apoderara de sus seres queridos.

La vivienda, descrita por las autoridades como un “depósito de objetos”, reflejaba el estado mental del artista: libros y CDs abandonados, películas infantiles, ropa desordenada y un sillón roto donde, probablemente, pasaba sus últimos momentos. Era, en definitiva, un acumulador, un hombre atrapado en un torbellino de adicciones y soledad.

La investigación continúa, pero la imagen del micrófono olvidado entre los escombros permanecerá como un símbolo de un talento desperdiciado y un final trágico. La policía espera que la declaración de Pablo García, prevista para este domingo, arroje luz sobre la mecánica del crimen y la identidad de los autores materiales. La adicción, la pérdida de sus padres adoptivos, el brillo efímero de la fama: la vida de Mike Dee es una cruda advertencia sobre los peligros del olvido y las consecuencias devastadoras de las adicciones.