Mindlin y fondos globales toman loma negra: un cambio de poder cementero

Buenos Aires se estremece con la noticia de un cambio de manos en uno de los pilares de la industria argentina: Loma Negra, el mayor fabricante de cemento del país, ha pasado a estar controlado por un consorcio liderado por el empresario Marcelo Mindlin y respaldado por inversores de peso.

El plan de reestructuración judicial que lo cambió todo

El plan de reestructuración judicial que lo cambió todo

El movimiento, anunciado este martes, es el resultado directo de un plan de recuperación judicial impulsado por Intercement Participações (ICP), la empresa brasileña controladora indirecta de Loma Negra. La reestructuración, necesaria para aliviar la deuda de ICP, ha propiciado una reconfiguración radical en la propiedad de la cementera, donde Mover, la empresa matriz brasileña, se desliga del control.

La cifra habla por sí sola: un aumento de capital social en ICP permitió la entrada de nuevos accionistas, quienes suscribieron las acciones liberadas por Mover. Latcem, el holding de Mindlin, se erige como el principal inversor con una participación del 38,7%, seguido de Redwood (26,7%), el fondo chileno Moneda (24%) y la aseguradora estadounidense Cigna (4,9%). Estos fondos, con profundas raíces en los mercados internacionales, inyectan una nueva dinámica a la empresa fundada en 1926 por Alfredo Fortabat.

Pero hay un detalle que merece atención. La salida de Mover, tras años de gestión, plantea interrogantes sobre la estrategia futura de Loma Negra. ¿Se mantendrá la orientación hacia el mercado interno o se buscará una expansión regional más agresiva? La respuesta, probablemente, radicará en la capacidad de Mindlin y sus socios para navegar las complejidades del contexto económico argentino, marcado por la volatilidad y la incertidumbre.

Loma Negra, con su legado de casi un siglo, produce no solo cemento, sino también cal y hormigón, siendo un eslabón crucial en la construcción y el desarrollo de infraestructura en argentina. La apuesta de estos inversores internacionales demuestra la confianza – o al menos, la esperanza – en la recuperación de la economía local, a pesar de los desafíos persistentes. El futuro de la construcción en argentina, y con él, parte del devenir económico del país, ahora pende de un nuevo equilibrio de poder.