Montevideo se derrite: 29 °c este martes y el termómetro no da tregua

Montevideo amaneció sudando. A las nueve ya se respiraba ese aire espeso que anuncia un día que no perdonará. El Inumet acaba de confirmar lo que todos temíamos: 29 °C de máxima, viento de 30 km/h que sofoca en vez de refrescar y una nubosidad del 72 % que convierte la luz en una losa sobre la cabeza. Solo un 25 % de probabilidad de lluvia, apenas un guiño de alivio que, de momento, no llegará.

El sol que quema más que nunca

La radiación ultravioleta se quedará en 2, una cifra que suena baja pero que en la latitud de Uruguay es suficiente para dejar la piel colorada en 20 minutos. Los dermatólogos portuenses llevan semanas advertiendo: el índice de melanomas se duplicó en la última década y la culpa no es solo del ozono. El cambio climático juega sucio: más días de cielo despejado, menos brisa marina y un sol que pega como en Cairns.

La estación no importa. Montevideo ya no entiende de calendarios: en julio puede tocar los 20 °C y en enero rozar los 44 °C, como hizo Florida el año pasado. El récord absoluto sigue siendo ese 42,8 °C de 1943, pero los modelos del Instituto de Mecanica de los Fluidos apuntan a que lo superaremos antes de 2030. La culpa la tiene la masa de agua del Río de la Plata, que se calienta un grado cada cinco años y convierte a la capital en una olla de presión.

Viento, humedad y la doble estación de lluvias

Viento, humedad y la doble estación de lluvias

El viento no ayuda. Sopla del noreste, carga vapor del Brasil y choca contra la Costa de Oro como un puño húmedo. Las ráfagas de 30 km/h no refrescan: mueven el aire caliente como si fuera un secador industrial. Por la noche bajará apenas a 20 °C, lo suficiente para que el asfalto siga desprendiendo calor a las dos de la madrugada. Los meteorólogos lo llaman “efecto horno urbano”; los vecientes, “la sábana pegajosa”.

Y la lluvia, cuando llega, lo hace a lo grande. Uruguay tiene dos temporadas de precipitaciones: una en octubre-noviembre y otra en abril-mayo. Montevideo recoge ambas. El resultado: 1.200 mm anuales que caen en apenas 60 días, con tormentas que dejan 50 mm en una tarde y anegan la zona de la Rambla. El sistema de drenaje, diseñado en 1950 para 600.000 habitantes, colapsa con los 1,4 millones que ahora sudan entre Cordón y Punta Gorda.

¿Cuánto durará el calvario?

¿Cuánto durará el calvario?

La respuesta la tiene el Panel Intergubernamental de Cambio Climático: para 2100 la temperatura media subirá tres grados. Parece poco, pero en una ciudad donde el verano ya roza los 35 °C eso significa 40 °C de sombra. El agua del río subirá 25 cm y la Rambla desaparecerá bajo el agua cada vez que haya un sudestada. Los seguros ya lo saben: las pólizas contra inundaciones aumentaron un 70 % desde 2020.

Mientras tanto, los montevideanos seguiremos mirando el celular antes de salir, dudando entre la remera de algodón o la camisa de lino, entre llevar paraguas o protector SPF 50. Porque en esta ciudad ya no hay estaciones: solo días que pegan en la cara y noches que no dejan dormir. Y mañana, otra vez, 29 °C. O más.