Moreno se coge a la encuesta como quien coge un cuchillo por la hoja

Juanma Moreno pasea este lunes por el Zaidín de Granada con la misma parsimonia de quien reparte tarjetas de felicitación navideña en agosto. La razón: las encuestas le dan el sillón, pero él prefiere hablar de “prudencia” antes que de victoria.

La mayoría absoluta, ese espejismo que asoma y desaparece

La mayoría absoluta, ese espejismo que asoma y desaparece

El presidente andaluz sabe que el 17-M puede convertirse en 17-no-tan-fácil. Por eso, cuando los micrófonos le apuntan, repite el mantra de “elecciones reñidas” como quien toca madera. Lo hace en la calle, rodeado de tenderos que le ofrecen aceitunas y vecinos que le piden una foto. La satisfacción que le producen los sondeos –ese PP al borde de los 55 escaños– la guarda en el bolsillo trasero: “Ilusión, sí, pero con los pies en el asfalto”, murmura a los cronistas.

Lo que nadie cuenta es que Moreno lleva días haciendo cuentas con papel y lápiz. Sabe que la estabilidad de los cuatro últimos años –presupuestos aprobados sin trading de sillones, oposiciones desatascadas, AVE a Granada antes de lo previsto– puede evaporarse si Vox le quita tres diputados y el PSOE recupera dos en Cádiz o Sevilla. Por eso elige el barrio obrero del Zaidín para lanzar su advertencia: “La serenidad se puede perder en una tarde”.

La ironía está servida. El mismo partido que en 2018 temblaba al borde del abismo –20 escaños, 20,8 %– ahora se ve en los 52-55. Pero la sombra de 2015 –cuando unas encuestas idénticas le prometieron el cielo y acabó necesitando a Ciudadanos– planea sobre cada apretón de manos. Moreno lo sabe y por eso firma el libro de honor de la hermandad del Trabajo y la Luz: la luz, esa que debe seguir siendo blanca y no naranja ni morada.