Muere chela braniff: la voz que enseñó a méxico a bailar en sábado por la noche

Chela Braniff se apagó este domingo a los 74 años, tras una guerra silenciosa contra el cáncer que apenas trascendió fuera de su círculo. Con ella desaparece el último faro de la época en que la televisión mexicana olía a laca, brillaban los reflectores de Televisa Chapultepec y un país entero se ponía de pie para imitar los pasos de Fiebre del 2.

La noticia la confirmó Ventaneando en vivo: Rosario Murrieta interrumpió la emisión con la voz entrecortada; Pedro Sola, que compartió cabina con ella en los setenta, apenas atinó a murmurar «marcó una época». En redes, la etiqueta #FiebreDel2 se convirtió en trending en menos de veinte minutos: usuarios que hoy tienen 60 años subieron fotos de pantallas de cinescopio, niños con camisetas de lentejuelas y mujeres que se peinaban como Braniff para ir a la discoteca La Pájara.

El sábado que paralizaba méxico

1979. El Canal 2 estrenaba un concurso de baile que copiaba la fórmula de Saturday Night Fever pero le ponía chile y limón. Desde el estudio «A» de Chapultepec, Chela Braniff aparecía en micro-falda de lentejuelas, aretes colgantes y una voz de fumadora que anunciaba: «¡Vamos a subir la fiebre!». El país entero repetía la frase los lunes en la escuela. El rating llegó al 72 %: ni Televisa lo ha vuelto a tocar.

El formato era simple y salvaje: parejas aficionadas interpretaban coreografías de Bee Gees o Donna Summer, mientras Fito Girón y Leticia Perdigón puntuaban con cartones de colores. Detrás, los grupos Los Maniáticos Mordaces y Los Truculentos Tramposos improvisaban sketches que nadie entendía del todo, pero que hacían reír a la abuela y al primo rockerito. Braniff, exbailarina de Variedades de medianoche, no se limitaba a conducir: saltaba al centro del escenario y enseñaba el paso «puente» que después copiaban hasta el portero.

Tras la pantalla, una diseñadora obsesiva

Tras la pantalla, una diseñadora obsesiva

Cuando Fiebre cerró en 1982, Braniff ya no necesitó la fama. Se encerró en un taller de la Roma Norte y diseñó vestuario para La hora marcada y La secta del Sargón, telenovelas que hoy se rescatan en YouTube por sus looks de lentejuelas y hombreras. «Quería que los monstruos también brillaran», dijo una vez a una revista local que ya no existe. Entregaba bocetos en hojas de block amarillo y recogía telas en La Lagunilla; si al actor le quedaba flojo el cuello, cosía de madrugada.

En los noventa desapareció del radar. Algunos la vieron tomando vino tinto en El Cardenal, otros juraron que vivía en Cuernavaca y vendía arte huichol. Lo cierto es que reapareció en 2013 con un perfil de Facebook donde subía fotos de sus viajes a la India y le respondía «gracias, cielo» a cualquiera que le recordara el programa. El cáncer llegó sin avisar; apenas un par de amigas del sindicato de actores supieron que alternaba quimioterapia con clases de yoga.

El adiós que nademásvio venir

El adiós que nademásvio venir

El velorio será íntimo, solo familia y dos ex bailarines de Fiebre que aún conservan los trajes originales. Televisa no planea homenaje al aire: prefiere apostarle a los realities de TikTok. Pero en las casas de miles de mexicanos de más de cincuenta años ya se preparan los pantalones campana y se busca el vinilo de Stayin' Alive. La Fiebre del 2 nunca tuvo streaming, ni reapertura nostálgica, ni reboot en Netflix. Su magia fue efímera, de sábado por la noche, de televisor de cinescopio, de cuando apagar la pantalla significaba ir a dormir con la música aún zumbando en la cabeza.

Chela Braniff se llevó el último compás. Y con él, la certeza de que México ya no volverá a congregarse frente a un aparato para bailar todos al mismo tiempo.