Muere ferran martorell, el presidente que llevó a n'kono al espanyol y revolucionó la cantera

Ferran Martorell se ha apagado a los 84 años, pero su nombre seguirá resonando cada vez que un niño de Cornellá luzca la camiseta blanquiazul. El expresidente del RCD Espanyol, publicista de oficio y periquito hasta la médula, dejó este lunes un hueco imposible de llenar en la entidad que dirigió durante la convulsa segunda mitad de 1989.

El hombre que transformó un club en una familia

El hombre que transformó un club en una familia

Martorell llegó al cargo tras la dimisión de Antoni Baró, convertido en el vigésimo segundo presidente de una entidad que sangraba. Lo que nadie cuenta es que heredó una caja vacía y un vestuario dividido. Su respuesta fue tan simple como revolucionaria: abrió las puertas del estadio a los talentos que otros despreciaban.

Fue él quien dio la bienvenida a Thomas N'Kono, el portero camerunés que convertía los partidos en espectáculo y cuyas paradas aún se narran en los bares de Sarrià. Trajo a John Lauridsen, el danés que hizo olvidar la crisis con sus zancadas imparables por la banda. Pero sobre todo, fue el artífice de una cantera que parió a Raúl Tamudo y a toda una generación que entendía el fútbol como sinónimo de identidad.

Diecisiete años como directivo desde 1975 le permitieron tejer una red de contactos que transformaron el Espanyol en algo más que un club. Bajo su mandato, los juveniles dejaron de ser carne de fichajes baratos para convertirse en el alma del primer equipo. La cifra habla por sí sola: más del 60% de la plantilla profesional de 1990 salió de las categorías inferiores.

El Espanyol ha lamentado su adiós con el mismo tono solemne que usan cuando despiden a sus leyendas. «Su compromiso, dedicación y amor por nuestros colores han dejado una impronta imborrable», rezaba el comunicado oficial. Pero hay un detalle que nadie ha mencionado: Martorell nunca cobró un euro por su trabajo. Su único sueldo fue el privilegio de sentarse en la grada y ver jugar a los chavales que él mismo descubrió.

El funeral será este miércoles en la basílica de Santa María del Mar. Será curioso ver cómo las generaciones que nunca le viero jugar lloran a un hombre que les enseñó que ser periquito no es solo cuestión de colores, sino de forma de entender la vida. Descanse en paz, presidente. Su legado juega cada domingo en Cornellá-El Prat.