Mujeres se apoderan de la tierra: 30 mil títulos agrarios rompen la herencia patriarcal

Las mujeres del campo mexicano dejaron de ser invisibles este 8 de marzo. Mientras los discursos fluían en Tlalpan, 138 documentos agrarios cambiaban de manos y de historia. De pronto, María Enriqueta Carrón tenía un título que antes le hubiera tocado al hermano mayor. De pronto, 29 mil 862 mujeres más ya no dependen de un permiso masculino para decidir sobre sus parcelas.

La tierra era de los hombres hasta hoy

La cifra habla por sí sola: el 70 % de la propiedad agraria nacional sigue registrada bajo nombres de varones. Citlalli Hernández, secretaria de las Mujeres, lo dijo sin eufemismos: «Es un reto estructural». Su propio apellido —Hernández— aparece en actas de ejidos donde las mujeres figuraban como «esposa de» o «hija de», nunca como titulares. Por eso la Cartilla de Derechos de Mujeres Agrarias que prepara el gobierno no es un folleto más: es una llave para acceder a crédos, a semillas mejoradas, a la decisión de qué cultivo se siembra y a qué precio se vende.

Clara Brugada subió al podio con otra cifra que suena a victoria parcial: en la capital ya el 35 % de la tierra tiene nombre de mujer. En 1950 eran apenas el 5 %. La progresión parece lineal, pero hay un detalle que nadie menciona: muchas de esas mujeres heredaron por viudez, no por meritocracia agraria. El verdadero salto será cuando una niña de San Gregorio Atlapulco sueñe con ser ejidataria antes que maestra o migrante.

El nopal y el romerito ya tienen dueñas

El nopal y el romerito ya tienen dueñas

Julia Álvrez Icaza recuerda que el suelo de conservación de la ciudad —donde se produce el nopal que desayunas— alberga el 11 % de la biodiversidad nacional. Ahora esas plantas tendrán guardianas con credencial. Las 98 constancias de vigencia, 20 transmisiones y 6 certificados parcelarios entregados en Tlalpan significan que alguien podrá pedir un crédo FIRA sin necesidad del aval del esposo. También significa que, si mañana llega un desarrollador inmobiliario prometiendo «ciudades modelo», habrá una mujer con un papel que dirá: «No se vende».

La Primera Red de Mujeres Rurales, anunciada por Hernández, no es un club de whatsapp. Es la antesala de un banco de tierras gestionado por mujeres, de un sistema de semillas criollas custodiado por quienes saben que la mejor bolsa de valores es un granero bien surtido. Claudia Sheinbaum lo resumió en una frase que retumbó entre los eucaliptos de Tlalpan: «Claro que podemos ser ejidatarias». Fue la forma más elegante de decir: «Se acabó la exclusión».

La meta federal suena ambiciosa: 150 mil títulos en este sexenio. Hoy van 30 mil. Si se mantiene el ritmo, en 2027 la mitad de la tierra agraria podría tener nombre de mujer. La próxima vez que pruebes un taco de nopal, piensa que detrás puede haber una ejidataria que antes no figuraba en el padrón. Ese sabor agridulce ya no es solo del cactus; es el gusto de una deuda histórica que empieza a saldarse.