James desafía el tiempo: un concierto que reafirma su legado
A los 42 años de carrera, James, la banda de Manchester que reinventó el Madchester, sigue sorprendiendo. No con trucos ni artificios, sino con una honestidad musical que conecta con audiencias multigeneracionales, como demostraron en su reciente concierto en Aberdeen, donde celebraron su primer número uno en el Reino Unido, Yummy.

La improvisación como señal de identidad
Tim Booth, el carismático vocalista de la banda, bromea sobre su edad y la percepción de su público, admitiendo que quizás no necesita “sumergirse” tanto en el fervor del front row. Pero esa aparente moderación contrasta con la esencia misma de James: una banda que se niega a ser catalogada, una fuerza creativa impulsada por la improvisación y la constante reinvención. Su setlist, un ejercicio de imprevisibilidad, cambia cada noche, incorporando nuevas canciones con letras aún en proceso, como lo demuestra Nantucket, una pieza de ocho minutos que ya promete convertirse en un nuevo himno.
Lo que distingue a James de otras bandas de arena de su época es su resistencia a la complacencia. No se limitan a desgranar sus mayores éxitos; en su lugar, ofrecen una experiencia sonora rica y compleja, que abarca desde secciones introspectivas hasta influencias que van de Brian Eno a la música house italiana. Las letras, a menudo mordaces, apuntan a los excesos de los multimillonarios y a las instituciones religiosas, todo ello envuelto en una calidez y humanidad que resulta innegablemente atractivo.
El concierto en Aberdeen no fue una excepción. Desde la sutil evocación al hogar de Booth, Leeds, en Come Home, hasta el gesto de solidaridad de Andy Diagram con una camiseta que reza “No more war”, cada detalle apuntaba a una banda comprometida con su arte y con su público. La energía del concierto se vio magnificada por el ritmo implacable del batería David Baynton-Power, y las nuevas incorporaciones, Chloe Alper y Debbie Knox-Hewson, aportaron texturas sonoras inéditas. Booth, con su presencia casi mística, se erige como el faro de la banda, guiando a la audiencia a través de un viaje musical sin precedentes. Un momento particularmente memorable fue cuando Booth emergió del balcón durante Born of Frustration y la conmovedora Say Something, un instante de comunión y emoción colectiva.
El rugido del público al escuchar Getting Away With It (All Messed Up) y Sit Down demostró que las raíces de James siguen firmemente plantadas en el corazón de sus seguidores. Y aunque Booth, en un giro inesperado, desafió sus propias palabras y se lanzó al escenario, fue recibido como un héroe, transportado sobre una ola de manos y cánticos.
