Nadal desenchufa la raqueta y se pierde en 365 cayos de arena blanca

Mientras el circuito ATP sangra puntos y la gira americana reclama sangre joven, Rafa Nadal ha cambiado el polvo de arcilla por el azul turquesa de las Bahamas, donde el único desgaste es el que deja el sol sobre su piel curtida por veinte años de saques y zancadas.

El balear, que tantas veces se ha dejado la rodilla en París o Melbourne, ha elegido el archipiélago de Exuma —365 cayos, uno por cada día del año— para demostrar que también sabe ganar fuera de la pista: ahora su partido perfecto se juega en una hamaca entre su mujer Xisca Perelló y sus hijos Rafael y Miquel, mientras sus padres, Sebastián y Ana María, reparten sombrillas como si fueran raquetas de regalo.

La foto que no salió en las hemerotecas

La foto que no salió en las hemerotecas

Lo que nadie cuenta es que la instantánea que más le gustó al manacorí no es la de la playa desierta ni la del estómago de su mujer bronceándose: es la de su padre agarrando una concha de caracola con la misma precisión con la que él agarra la raqueta. «Recientemente pasé días muy especiales con mi familia en Exumas. Un lugar único, lleno de hermosa naturaleza», escribió, pero lo que no puso entre comillas es que allí nadie le pide un selfie y que el único