Nahle contraataca: playas limpias, turismo firme y un derrame que ya tiene dueño

Rocío Nahle no suelta la presa. Mientras Veracruz se prepara para recibir la ola turística de Semana Santa, la gobernadora dispara contra quienes —dice— buscan oscurecer la imagen del estado con fotos de playas embarradas y campañas en redes. Su objetivo: desmontar la narrativa de crisis antes de que el primer turista pise la arena.

En la entrevista matutina con Luis Ramírez Baqueiro, Nahle desgrana cifras y fechas. Asegura que Boca del Río ya recuperó su blancura gracias a un operativo que mezcla voluntarios, universidades, marina y gobierno estatal. “No es un acto de fe, hay registro fotográfico y miles de sacos de basura que ya no flotan”, lanza sin alzar la voz, como quien muestra la carta ganadora.

El derrame que greenpeace ya no menciona

La polemica chispa aparece cuando habla del hidrocarburo que tiñó el agua frente a Sánchez Magallanes. Greenpeace publicó imágenes que, según Nahle, eran de otro país. La organización —asegura— ya pidió disculpas. Lo que nadie cuenta es que el grupo interdisciplinario nombrado por Claudia Sheinbaum ratificó la versión estatal: el culpable fue un barco petrolero frente a las costas tabasqueñas, no una tubería rota en Veracruz. “Misma fuente, mismas coordenadas, mismo barco”, repite para que el eco no se pierda.

¿Y las temidas chapopoteras naturales? Se analizaron. Ninguna coincidió con el punto del derrame. Historia cerrada, dice ella, aunque el expediente aún huele a crudo.

De la mancha al puente: ochocientos millones sobre el río

De la mancha al puente: ochocientos millones sobre el río

El discurso gira. Ahora es infraestructura. El puente de Boca del Río, anuncia, costará entre 800 y 900 millones de pesos y descongestionará la zona hotelera. En Coatzacoalcos, el sistema Quetzali ya mueve a 45 mil usuarios diarios con tarifa subsidiada. En Xalapa, el estadio revive: la CONADE promete torneos nacionales que llenen hoteles y bares de la capital jarocha.

La estrategia es clara: cada semana un evento, cada mes una obra, cada año una razón para volver. Desde diciembre, el calendario cultural estatal ya factura 23 millones de pesos en taquilla. “No es magia, es programa”, sentencia.

Nahle cierra la entrevista con una advertencia que suena a promesa: “Pueden insultarme, pero no podrán decir que Veracruz no avanza”. Afuera, la marea sube. Dentro de quince días, los turistas juzgarán si la arena está limpia o si la mancha —esa que ella dice haber borrado— aún persiste bajo la superficie.