Nasa enciende la cuenta atrás: cuatro astronautas rozan la luna 53 años después

La Luna vuelve a rozar el radar humano. Este lunes a las 15:00 horas de Florida —las 21:00 en Madrid— la NASA pulsará el botón que desencadena 48 horas de tensión pura: la cuenta regresiva para Artemis II, la primera misión con tripulación que orbitará nuestro satélite desde Apolo 17 en 1972.

El 80 % de probabilidades que empujan al miedo

Las nubes son el único enemigo visible. El Centro Espacial Kennedy perfila un cielo 80 % favorable, pero el viento puede jugar la carta de la cancelación. Ahí radica el drama: el cohete está listo, los astronautas en cuarentena desde el viernes y el relolo marcando 18:24 del miércoles como hora H. Dos meses de retraso —por fallos técnicos y un frente frío que azotó Cabo Cañaveral— han convertido cada minuto en una pieza de porcelana.

Reid Wiseman, el comandante que pilotará la cápsula, lo resume con una calma que desarma: «Estamos listos para salir, pero ni por un segundo damos por hecho que vamos a ir». La frase suena a mantra en la agencia: prepararse para el aplauso y para la decepción en la misma respiración.

Cuatro nombres, diez días y un ensayo para 2028

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La tripulación es un cuarteto de geografías y disciplinas: Wiseman, el veterano de la Estación Espacial; Victor Glover, piloto y primer afroamericano en orbitar la Luna; Christina Koch, la mujer que ostenta el récord de permanencia espacial; y Jeremy Hansen, el canadiense que representa la apuesta internacional de la NASA. Diez días les separan de un viaje de 1,4 millones de kilómetros que servirá de ensayo para el alunizaje previsto en 2028 y la construcción de la estación Gateway, el puente orbital que convertirá a la Luna en un taller de Marte.

El sábado, la agencia celebró su «revisión previa a la cuenta atrás», la última prueba antes de la danza final. Lori Glaze, administradora del programa, lo definió como «el más limpio que jamás hemos tenido». Un adjetivo que en la jerga de la NASA equivale a mil págines de informes sin una coma fuera de sitio.

Los médicos ya firmaron la cartilla de salud de los cuatro. Los ingenieros sellaron las válvulas del SLS, el monstruo de 98 metros que costó 23.000 millones de dólares. Solo falta que el clima deje de jugar al despiste. De lo contrario, la próxima ventana se abre en 48 horas y la tensión empezará de cero.

Mientras tanto, la Luna crece en el cielo nocturno como un faro que activa la memoria colectiva. En 1972, Gene Cernan cerró la puerta del módulo lunar y dejó una huella que nadie ha vuelto a pisar. Artemis II no alunizará, pero su órbita será el primer paso para que esa huella tenga dueño nuevo dentro de cuatro años. La cuenta regresiva ya no es solo técnica: es una promesa de que la exploración humana no terminó en la nostalgia.