Navarro desvela el momento en que el unicaja se hundió en el palau
Ibon Navarro tardó apenas un minuto en encontrar la grieta. Fue en el 33, cuando el marcador reflejó el 77-77 y su Unicaja, por primera vez, dejó de perseguir al Barça para mirarle a los ojos. «Empatamos demasiado pronto», soltó el vasco con la voz ronca tras el 97-91. Ahí late el diagnóstico de una noche que acabó en autopsia.
El parcial que desnudó al unicaja
Lo que siguió fue un puñetazo de 5-0 tejido por Brizuela y Vesely. No pareció letal entonces, pero Navarro lo calificó de «definitivo». El Palau, que llevaba toda la semana al borde del síncope, respiró. El Unicaja, en cambio, se descompuso: concesión de tiros libres, rotaciones tardías y un Toko Shengelia que se convirtió en cuchillo entre costillas. «Nos cerramos sobre él y regalamos canastas fáciles», se reprochó el técnico.
La cifra habla por sí sola: 11 puntos en la primera parte y 9 sobre la bocina. Dos varapalos que dejaron a los andaluces tocando balón con la frente sudando crisis.

Vesely, el gigante que despertó
Jan Vesely firmó 18 tantos y dos triples que parecieron lanzados desde otra galaxia. «Cuando respeta su salud es de otra dimensión», dijo Navarro, que vio al checo cambiar el tempo del partido y obligar al Unicaja a desgañitarse en defensa. El checo no fue el verdugo, pero sí el testigo de un incendio que el Barça supo avivar.
A pesar del varapalo, Navarro se aferró a la actitud: «Compitieron hasta el final con el equipo hecho trizas». Lo que nadie cuenta es que el vestuario malagueño viajó con tres bajas y la certeza de que cada minuto en la pista podía ser el último de la temporada. «Estoy contento por la mentalidad», zanjó, aunque el rostro delataba una mezcla de orgullo y amargura.
Barça respira. Unicaja sangra. Y Navarro ya piensa en el siguiente asalto con la certeza de que empatar demasiado pronto puede ser la forma más rápida de perderlo todo.
