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Australia fulmina el recargo por tarjeta: los bancos pagarán la cuenta de 1 600 millones

Desde octubre, el odioso recargo que se colaba en cada pago con tarjeta desaparece de los terminales australianos. La Reserva del país ha decidido que los bancos —no los clientes— asuman los costes de la operación, una factura que hasta ahora superaba los 1 600 millones de dólares anuales. El gobierno de Jim Chalmers presenta la medida como un alivio directo para el bolsillo doméstico; los bancos, en silencio, calculan ya el impacto en sus márgenes.

Los bancos asumen el coste y la hostelería se revuelve

La medida no gusta en la Australian Hotels Association. Su portavoz advierte que la eliminación del recargo no garantiza que el café o la cerveza bajen un céntimo. La asociación teme que los establecimientos compensen la pérdida subiendo precios base, una práctica que ya se detectó cuando se limitaron los recargos en el Reino Unido. El debate se enciende: ¿es un regalo al consumidor o un trasvío de costes disfrazado de populismo?

Mientras tanto, otra resolución sacude el mercado laboral. La Fair Work Commission ha derogado los salarios junior para mayores de 18 años en los grandes retailers. El golpe alcanza a Coles, Woolworths, McDonald’s y Hungry Jack’s, donde medio millón de jóvenes verá crecer su nómina de inmediato. El sindicato Shop, Distributive and Allied Employees Association celebra la decisión como “histórica”; las cadenas, en cambio, alertan sobre encarecimiento de plantillas y posibles despides encubiertos.

El precio de la calle se dispara y la guerra de ucrania acecha los mercados

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Fuera de las fronteras australianas, el crudo vuelve a temblar. Un ataque a un petrolero frente a Dubai ha provocado un derrame que amenaza la costa emiratí. En paralelo, explosiones en Teherán y Jerusalán elevan la temperatura regional. El petróleo Brent ya ronda los 90 dólares y los analistas barajan un salto a tres dígitos si el conflicto se regionaliza. Los mercados de Asia-Pacífico han abierto con el pulso acelerado.

El pulso entre inflación y salarios se extiende hasta la televisión. La presentadora Jackie O demanda a su antigua emisora por 82 millones de dólares por despido improcedente. El caso destapa el negocio de las primas millonarias en la radio comercial australiana, donde los índices de audiencia se traducen en contratos faraónicos. La industria mira con lupa el desenlace: un fallo favorable podría desencadenar una oleada de demandas similares.

En Vanuatu, los jefes indígenas rechazan un resort para cruceros que invadiría sus tierras ancestrales. Denuncian un modelo turístico que convierte el Pacífico sur en un parque temático flotante. La presión de los operadores de cruceros choca con la resistencia local que teme convertirse en una mera atracción exótica.

Y mientras el mundo celebra un eclipse sangriento sobre Brisbane, la policía de Victoria confirma la muerte de Dezi Freeman, el fugitivo que disparó a dos agentes en Porepunkah. Siete meses de cacería terminaron en un tiroteo rural que los medios han bautizado como el final del “outback australiano”. El caso vuelve a poner sobre la mesa la proliferación de armas ilegales en zonas remotas y la saturación de los servicios de salud mental en el interior.

australia cierra el día con dos números que lo dicen todo: 1 600 millones de dólares dejaron de salir del bolsillo de los consumidores por los recargos, y 500 000 trabajadores jóvenes empezarán a cobrar el mismo salario que sus compañeros mayores. El equilibrio entre bancos, empresas y ciudadanos se ha movido un milímetro. La pregunta ya no es quién paga, sino cuánto durará la factura antes de devolverse en otra forma.