Nepal se queda sin everest: la guerra en irán cancela la mitad de reservas
Una guerra lejana deja a Nepal sin su temporada de oro. El conflicto en Irán y el cierre de espacios aéreos del Golfo han cortado de cuajo la llegada de montañeros y mochileros. El resultado: el 50 % de habitaciones vacías en marzo, el mes que suele llenar Kathmandu de billetes de dólar.
Mandip Giri, dueño del Hotel Tibet en Thamel, lo resume sin anestesia: «Reservas que llevábamos confirmadas desde diciembre han desaparecido en 48 horas». Su testimonio se repite en los 2.800 hoteles registrados del valle. La cadena de desgracias empezó el 1 de marzo, cuando Emiratos, Catar y Omán suspendieron vuelos hacia Asia. Casi 400 trayectos cancelados en 30 días, según la Autoridad de Aviación Civil. Nepal quedó aislada de sus dos puertas de entrada preferidas: Dubái y Doha.

El everest, en el aire
La primavera es la cita clave. Entre marzo y mayo desembarcan cerca de 400.000 alpinistas y trekkers, un tercio de todo el año. Las agencias de expediciones llevaban seis meses recuperándose del terremoto, la pandemia y la crisis de confianzaposterior. Ahora, la cifra de cancelaciones para ascensos a ochomiles roza el 60 %. «Si el conflicto se alarga, perderemos la temporada completa», advierte Bir Singh Guragain, presidente de la Asociación de Operadores de Trekking. Traducido: 1.200 millones de dólares en riesgo, el 7 % del PIB nacional.
Deepak Raj Joshi, director de la Junta de Turismo, no se anda con eufemismos: «Acabábamos de tocar fondo y respirar. Esta guerra nos hunde otra vez». En 2023 el sector generó 2.500 millones y dio de comer a 1,19 millones de familias. El empleo informal —porteadores, cocineros de campo, guías de altitude— es el primero en saltar por los aires. La red de efecto dominó empieza en los mostradores de check-in y termina en los mercados de porters de Namche Bazaar.
El temor ahora se llama abril. Quedan semanas para que lleguen los primeros clientes del pre-monzón. Las ventanas de ascenso al Everest se cierran con el monzón de junio. «No hay plan B. O vuelan en abril o la temporada se va al garete», sentencia Guragain mientras revisa un listado de cancelaciones que ya supera los 800 nombres.
La última vez que Nepal perdió una primavera completa fue en 2015, tras el terremoto. La diferencia: entonces el mundo mostró solidaridad. Ahora, la guerra no sólo está lejos; además, nadie piensa en un Himalaya vacío.
