Netanyahu bloquea al cardenal pizzaballa en jerusalén y desata la ira mundial
La policía de Israel cerró este domingo la puerta de la iglesia del Santo Sepulcro al mismísimo cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, cuando iba a celebrar la misa del Domingo de Ramos. La imagen del prelado girando sobre sus talones ante un cordón de agentes ha recorrido el planeta en tiempo real y ha convertido la Semana Santa en un episodio de tensión geopolítica.
Una excusa de guerra que nadie compra
Benjamín Netanyahu ha justificado la medida como “precaución” ante supuestos misiles iraníes contra la Ciudad Vieja. El argumento: Irán ataca lugares sagrados; ergo, protegemos al cardenal impidiéndole entrar. El problema es que Teherán niega ese objetivo y, hasta ahora, ningún proyectil ha impactado sobre la basílica construida en el 335 d.C. Lo que sí ha caído es la credibilidad de un gobierno que lleva meses empleando la religión como escudo de sus decisiones de seguridad.
Netanyahu ha prometido un “plan especial” para que los cristianos puedan conmemorar la Pascua. Traducción: improvisaremos un protocolo que nos permita controlar quién entra, cuándo y con qué liturgia. El anuncio llega tarde. La comunidad católica local ya ha interpretado el gesto como un desplante más al statu quo que regula los lugares santos desde el imperio otomano.

Herzog llama al cardenal, pero no devuelve la llave
El presidente Isaac Herzog ha telefoneado a Pizzaballa para lamentar el “desafortunado incidente”. La conversación, filtrada en medios hebreos, dura escasamente tres minutos. Herzog repite la letanía de la amenaza iraní y promete “tolerancia cero” contra la intolerancia. El patriarca, según testigos, responde con un silencio que suena a réplica.
En la práctica, la llamada no cambia nada. El control de acceso a la iglesia del Santo Sepulcro sigue en manos de la policía israelí y el cardenal necesita ahora permiso escrito para entrar a su propia catedra. Es la primera vez desde 1967 que un prelado de rango tan alto es rechazado en el día clave que marca el inicio de la Semana Santa.

El coste de una foto que no se hizo
La escena ha despertado a las diplomacias europeas. El Vaticano convocó de inmediato al embajador israelí para pedir “respeto irrestricto” del statu quo. Francia y España emitieron comunicados idénticos en menos de una hora. Washington, más cautelosa, habló de “preocupación” y recordó que la libertad de culto es un índice de estabilidad regional. En los pasillos de la ONU ya circula un borrador de resolución que condena “la restricción arbitraria de acceso a los lugares santos”. El texto ni siquiera menciona a Irán; sí a “autoridades de ocupación”. Israel se juega aquí su imagen de única democracia plural del Oriente Próximo.
El daño reputacional se traduce en cifras. El Ministerio de Turismo calcula que 120.000 peregrinos cristianos cancelarán sus reservas en los próximos quince días. El golpe económico ronda los 65 millones de euros, según la Asociación de Hoteles de Jerusalén. En la Old City, los comerciantes de souvenirs ya advierten: “Si el cardenal no puede entrar, nosotros tampoco venderemos ni un rosario”.
La Semana Santa empieza con un portazo diplomático. Netanyahu ha conseguido lo que parecía imposible: unir a católicos, ortodoxos y armenios en la misma indignación. La próxima vez que invoque la amenaza iraní, alguien recordará la imagen de Pizzaballa dando media vuelta ante la tumba de Cristo. Esa foto no la hizo ningún fotógrafo: la tomó el mundo entero con el móvil. Y cuesta más que cien misiles.
