Omán se desmarca del ataque en salalá y abre una investigación que nadie se atreve a cerrar
Omán no quiere guerra, pero la guerra ha llegado a Omán. Dos drones cargados de explosivos sacudieron el sábado el puerto de Salalá, el pulmón logístico del sultanato, y dejaron a un trabajador extranjero herido y a las autoridades omaníes sin respuestas. El Gobierno de Mascate reaccionó este domingo con una condena tajante y un anuncio: investigará el origen de los artefactos, señala que ninguna parte se ha atribuido el ataque y, sobre todo, recuerda que su neutralidad no es un cheque en blanco para que otros utilicen su territorio como ring de boxeo.
El mensaje es diplomático, pero la irritación es real. El Ministerio de Exteriores calificó la incursión de “ataques traicioneros y cobardes” y, por primera vez en años, no mencionó su tradicional papel de mediador. El silencio sobre quién disparó habla más que mil declaraciones: Irán admitió haber lanzado drones contra un buque logístico estadounidense “a cierta distancia” del puerto; Washington guarda la boca cerrada; y Omán se queda en medio, con un obrero herido y la reputación de enclave estable en entredicho.
El puerto que nunca quiso ser objetivo
Salalá no es un punto cualquiera en el mapa del Golfo. Maneja millones de contenedores al año, alberga la base aérea que aloja tropas de la coalición y, sobre todo, simboliza la apuesta omaní por la equidistancia: aquí atracan barcos iraníes y buques de la Marina de EE UU sin que el asta de sus banderas se toque. El sábado, esa tregua se quebró. El impacto de los drones no solo dañó infraestructura; sembró la duda sobre si la neutralidad omaní sigue siendo viable cuando Teherán y Washington juegan al ajedrez con misiles.
El coronel Ebrahim Zolfaqari, portavoz de la Guardia Revolucionaria, insistió en que las instalaciones portuarias “no eran el objetivo”. La coletilla suena a disculpa, pero también a advertencia: si el buque estadounidense se acerca a Salalá, el fuego amigo puede repetirse. Omán lo sabe y, por eso, pide “abordar las causas profundas del conflicto”, una frase que en la jerga diplomática significa: detened esta escalada antes de que nos arrastre a todos.

Omán se queda sin mediadores en su propio tablero
El canciller Badr al Busaidi fue durante años la válvula de escape entre Irán y Occidente. Participó en las negociaciones nucleares que fracasaron en Viena y conserva la llave del teléfono rojo con Teherán. Ahora se encuentra en la paradoja de tener que investigar a quienes antes invitaba a dialogar. Su silencio público desde el ataque alimenta la especulación: ¿mediará de nuevo o se convertirá en víctima de su propio oficio?
La respuesta llegará en forma de resultados forenses. Si los restos de los drones portan componentes iraníes, Mascate tendrá que elegir entre denunciar a su vecino y mantener la ficticia neutralidad. Si la pista se desvía hacia milicias yemeníes o células locales, el problema se vuelve interno y la estabilidad del sultanato, que ya cojea por la crisis de sucesión y la caída del petróleo, se tambalea.
Por ahora, el puerto de Salalá sigue operando a ritmo frenético. Los grúas cargarán contenedores mañana como si nada, pero la brisa del monzón huele a pólvora y la tripulación revisa el cielo antes que la hora. Omán no ha pedido ayuda extranjera, pero ha dejado claro que su territorialidad no es zona de exclusión. La próxima vez que un dron cruce su espacio aéreo, la neutralidad podría responder con un misil de tierra. Y entces el mosaico de historias que conforman el Golfo se romperá en fragmentos que nadie, ni siquiera los expertos en paz, sabrá recomponer.