Pakistán recorta su aparato estatal: 60 % de coches oficiales a la venta para salvar al país del colapso

Islamabad ha decidido que el lujo ya no cabe en la cartera del Estado. El primer ministro, Shehbaz Sharif, firmó este lunes el mayor plan de austeridad de la historia reciente de Pakistán: 6 de cada 10 vehículos oficiales quedan inmovilizados de inmediato, los proyectos de infraestructura se congelan y el combustible de alto octanaje para los “vehículos de élite” sube de precio. La medida busca un objetivo tan simple como urgente: evitar que el país caiga en default mientras el precio del petróleo dispara la factura energética.

El fmi aprieta y sharif apuesta por la supervivencia política

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El Fondo Monetario Internacional acaba de desbloquear 1.200 millones de dólares, pero el dinero llega con precio: Pakistán debe mantener tipos de interés altos, eliminar subsidios y mostrar disciplina fiscal. Sharif, consciente de que cualquier desliz puede truncar el siguiente desembolso, ha optado por sacrificar al propio aparato estatal antes que tocar los ya magros subsidios al pan o la electricidad. La secuencia de recortes, anunció, “empieza por nosotros”.

La cifra habla por sí sola: el 60 % de la flota gubernamental representa unos 8.000 vehículos que durante años han sido símbolo de prestigio ministerial. Ahora serán subastados o transferidos a servicios esenciales. El ahorro estimado, según fuentes del Ministerio de Finanzas, ronda los 150 millones de dólares anuales, apenas un 2 % del déficit, pero suficiente para financiar un mes del programa de ayuda a 16 millones de hogares pobres.

Detrás del anuncio late otra urgencia: las reservas de divisas apenas alcanzan para seis semanas de importaciones. El conflicto en el Golfo encarece el crudo y el gas licuado, y cada día de demora en la subasta de coches oficiales eleva el riesgo de apagones industriales. El Banco Central ha empezado a racionar dólares para importaciones no esenciales; los concesionarios de automóviles ya reportan faltantes de repuestos.

El mensaje es claro: la clase política pakistaní se ha quedado sin colchón. Mientras tanto, Sharif envía a sus ministros a Teherán y Riad en busca de una tregua regional que estabilice los precios del energético. La diplomacia, como los coches oficiales, también está en modo ahorro: los billetes de business quedaron suspendidos la semana pasada.