Pakistán se cuela en la guerra irán-ee.uu. y ofrece su mesa de negociación
Islamabad ha dicho basta. Mientras el Estrecho de Ormuz se convierte en un taponamiento de crudo y los misiles cruzan el cielo del Golfo, Pakistán ha anunciado que en los próximos días albergará conversaciones directas entre Teherán y Washington. La ministra de Exteriores, Ishaq Dar, lo ha comunicado este domingo con la solemnidad de quien cree tener la llave de una guerra que lleva 17 días de bombardeos recíprocos.
La propuesta no es un capricho diplomático. Dar ha pasado el fin de semana en un teléfono rojo que conecta con Pekín, Riad, El Cairo y Ankara. Wang Yi, su homólogo chino, le ha garantizado «respaldo total». António Guterres, desde la ONU, le ha dado el visto bueno. Y los ministros de Turquía, Arabia Saudí y Egipto —los tres reunidos en Islamabad el sábado— han firmado un cheque en blanco: «pleno apoyo» a la iniciativa paquistaní.
Irán acepta sentarse, ee.uu. calla y el petróleo se agota
La jugada llega cuando el 18% del crudo mundial está atrapado en el estrecho de Ormuz. Irán cerró el paso el viernes tras recibir una lluvia de proyectiles israelís apoyados por aviones estadounidenses. Desde entonces, el brent ha subido 11 dólares y las refinerías de Asia revisan ya sus inventarios como si el verano fuera un apocalipsis.
Washington, por ahora, no confirma su asistencia. El Departamento de Estado se limita a «tomar nota» del ofrecimiento. Pero en los pasillos del Pentágono circula un dato que nadie firma: los portaaviones USS Eisenhower y USS Roosevelt ya han sido retenidos en aguas bálticas, lejos del disparadero del Golfo. Un silencio que habla más que cualquier comunicado.
Pakistán, por su parte, necesita la foto. Con una economía que roza el default técnico y un 40% de su población bajo la línea de pobreza, Islamabad busca convertirse en el interlocutor imprescindible entre los dos enemigos que más armas compran en la región. Dar lo ha dejado claro: «No somos neutrales, somos la única puerta que aún no ha cerrado el pestillo».

El tablero tiene tres fichas: ormuz, uranio y orgullo
El conflicto ya no es solo una guerra de drones. Irán ha anunciado que incrementa su enriquecimiento de uranio al 84%, un paso técnico de milímetros hacia la bomba. Israel, desde Gaza hasta Beirut, ha cambiado la calculadora por la artillería. Y Estados Unidos, entre elecciones y deuda, juega al despiste: envía misiles pero no secretarios de Estado.
En este tablero, Pakistán ofrece lo que nadie tiene: un canal directo que no pasa por Moscú ni por Bruselas. Un país con frontera terrestre con Irán y décadas de alianza militar con China. Un territorio donde EE.UU. aún mantiene bases aéreas que usa «para otros menesteres», según reconocen fuentes del propio Pentágono.
La próxima semana dirá si la jugada prospera. Mientras tanto, los petroleros siguen atascados frente a Bandar Abbas y el precio del gasolina en Europa ya ha marcado máximos desde 2008. La guerra no espera, pero Islamabad ha puesto una silla entre los dos fuegos. Porque, en el fondo, la única forma de apagar un incendio es controlar quién tiene la manguera.
