Paloma valencia y aníbal gaviria arremeten contra iván cepeda por sus dichos sobre antioquia

El video dura apenas dos minutos, pero el eco cruzado de acusaciones podría alargarse semanas. Paloma Valencia, senadora y candidata del Centro Democrático, subió a sus redes un clip junto al exgobernador Aníbal Gaviria para cargarle la culpa al senador Iván Cepeda de una supuesta campaña de descrédito contra antioquia. La frase que les abrió la brecha fue una afirmación de Cepeda sobre la injerencia de élites antioqueñas en la historia del conflicto armado. Para Valencia, eso suena a «ofensa repetida»; para Gaviria, a «odio regional disfrazado de relato histórico».

La mecha que encendió la polémica

Lo que Cepeda dijo exactamente en un foro virtual —y que el Centro Democrático recorta en sus clips de campaña— es que «no se puede entender la génesis del paramilitarismo sin mirar la articulación entre poderes locales, empresarios y fuerzas de seguridad en zonas como Urabá y el Magdalena Medio antioqueño». En la lógica del pactista, se trata de una constatación documentada; para sus detractores, es una condena sin matices a todo un departamento.

Valencia no perdió el timing. A 29 días de las elecciones regionales, la senadora montó su operación de contrataque: aparece en la grabación con la bandera antioqueña de fondo y la voz quebrada de indignación. «¿Hasta cuándo vamos a permitir que usen a antioquia como chivo expiatorio?», pregunta, antes de endilgarle a Cepeda la etiqueta de «estigmatizador serial».

Gaviria, al lado, remata con la memoria familiar: «Mi hermano Guillermo y Gilberto Echeverri fueron asesinados por las Farc cuando defendían la paz. No vamos a dejar que nadie reescriba ese dolor». El mensaje es claro: Cepeda habla desde el papel de víctima, pero ellos responden desde el mismo lugar.

El contexto que explica el forcejeo

El contexto que explica el forcejeo

La pelea no es nueva. Desde que Cepeda empezó a tejer su informe sobre el paramilitarismo en el Congreso —allá por 2016—, ha sido señalado por sectores conservadores de «antioqueñofobia». Su tesis: el paramilitarismo no fue un brote espontáneo de campesinos armados, sino una articulación política que encontró en Antioquia terreno fértil por la debilidad institucional y la densidad de poderes locales.

La contraversión, que Valencia y Gaviria reiteran, es que la región ha sido también la que más ha sufrido la guerrilla. Según el Registro Único de Víctimas, entre 1985 y 2022 Antioquia concentró el 23 % de desplazamientos forzados del país y el 20 % de homicidios de personas dejadas en la tierra. «Ser víctima no implica ser cómplice», sentencia Gaviria.

El problema —y aquí está la grieta— es que ambos bandos usan las cifras como arma arrojadiza. Cepeda apunta a los 62 exalcaldes y 16 exgobernadores condenados por parapolítica; sus opositores resaltan los 7.000 antioqueños secuestrados por la guerrilla. La contienda de números deja a los ciudadanos sin mapa claro: ¿Antioquia fue cuna o fue víctima?

Cómo impacta esto en la campaña

Cómo impacta esto en la campaña

La pelea tiene efecto domino en tres frentes. Primero, la votación en Antioquia: el departamento elige 18 diputados y 9 concejales este 29 de octubre; cualquier roce con el tema del conflicto remueve heridas que marcan boleta. Segundo, la estrategia nacional del Centro Democrático: Valencia necesita un enemino visible para movilizar su base y Cepeda —el polo opuesto del espectro ideológico— es blanco perfecto. Tercero, la narrativa de paz: el presidente Gustavo Petro prometió «total reencuentro», pero cada escándalo de este calibre socava la mesa de diálogo que montó en La Havana 2.0.

En redes, el hashtag #AntioquiaContraCepeda trepó al tercer puesto de tendencias en menos de cuatro horas. Cepeda, por ahora, evitó el zócalo televisivo y respondió solo con un tuit: «La memoria no es un capítulo para ganar votos; es el espejo que nos obliga a mirar nuestras responsabilidades». Nada de disculpas, nada de rectificación. El silencio, en política, también es una forma de pelea.

El resultado: un departamento dividido entre quienes ven en Cepeda al abogado que les recordó sus vergüenzas y quienes lo ven como el único que tuvo agallas para nombrarlas. Mientras tanto, Paloma Valencia suma minutos de pantalla y Aníbal Gaviria recobra protagonismo dos años después de perder la Gobernación. La victima, o el victimario, depende de quién cuente la historia. Y en campaña, todos cuentan la suya.