Panamá quiere acabar con el veto a tatuajes en el empleo público

La Asamblea Nacional de Panamá discute esta semana un proyecto que retira la etiqueta de 'indigno' que llevan pegada los tatuados desde los años 60. El texto, que se debate en primer debate, arranca de cuajo los manuales de apariencia que todavía usan ministerios, policías, empresas estatales y ayuntamientos para apartar del sueldo a quien tenga la piel tintada.

La iniciativa 531 es una radiografía del país: 7 de cada 10 panameños de la capital llevan un tatuaje oculto bajo la camisa y uno de cada tres lo luce a la vista, según datos de 2013 que el diputado promotor recupera para demostrar que la prohibición es ya un anacronismo. La exposición de motivos lleva la firma de la bancada de independientes y arrasa con el argumento de la «imagen sobria»: «La tinta no estorba para sumar, restar ni para servir al ciudadano», reza.

Del cuellito blanco al cuello tatuado

Del cuellito blanco al cuello tatuado

El proyecto no es una puerta giratoria sin control. Extiende la mano a la mitad del brazo, pero cierra el puño en el rostro: los tribales, flores o frases que asomen a cuello, orejas o pómulos podrán ser rechazados «por razones institucionales», admite el texto. Y tampoco habrá plaza para quien lleve esvásticas, siglas de pandillas o símbolos que inciten al odio. La ley, en ese punto, se vuelve de una dureza que raya en lo certero: discurso de odio tattooed, jubilación tattooed.

El plazo para desmontar el arcaísmo es de doce meses. Dentro de un año, las direcciones de Recursos Humanos deberán quemar los viejos reglamentos y la Defensoría del Pueblo se convertirá en el buzón de las denuncias. La sanción máxima: la destitución del jefe que insista en medir la valía de un servidor por la cantidad de tinta que asoma bajo la manga.

Panamá se suma así a la ola que ya desarmó Brasil en 2014 y que España consensuó en 2022: la apariencia no puede ser filtro si no afecta la función. La Corte Interamericana de derechos Humanos y la OIT avalan la tesis: discriminar por tatuaje es, hoy, la misma tropa que discriminar por pelo rizado o por apellido étnico.

El negocio lo celebra. El mercado global de tatuajes facturará 2.430 millones de dólares en 2025 y se doblará antes de 2034. Panamá, que tantas veces exporta normas fiscales, esta vez importa modernidad laboral. Y lo hace con la piel de sus funcionarios: la misma piel que ahora podrá llevar tinta sin que le cueste el pan de cada día.