Paraguay acoge una reliquia de san francisco que reescribe su historia colonial

El humo de los incensos aún no se ha disipado y ya Caazapá se prepara para convertirse en el nuevo epicentro espiritual del Cono Sur. Una partícula de ceniza —más liviana que un suspiro— viajará desde Italia hasta la catedral de la ciudad fundada por el franciscano Luis de Bolaños en 1607. No es un simple trozo de hueso: es la coartada perfecta para que la Conferencia Episcopal Paraguaya reteja el relato de la conquista.

La reliquia que llega para disputarle la palabra al siglo xxi

El proyecto «La Sandalia de Francisco» no busca solo conmemorar ocho siglos del tránsito del pobrecito de Asís; busca reinstalar la figura del misionero como patrón cultural de un país que todavía paga la factura de su ayllu destrozado. La pieza, catalogada como ex cineribus corporis, reposará en un relicario diseñado por artesanos guaraníes que nunca fueron consultados sobre la beatificación de quienes les cambiaron el nombre y la lengua.

El timing es demoledor. Mientras el gobierno paraguayo negocia con Brasil la explotación conjunta de Itaipú, la Iglesia devuelve la mirada al pasado para recomponer su capital simbólico. El mensaje es claro: si el papa Gregorio IX canonizó a Francisco en 1228, ¿por qué no revalidar hoy el apostolado que justificó la reducción de los guaraníes?

Cuatro siglos después, la ceniza regresa al lugar del crimen

Cuatro siglos después, la ceniza regresa al lugar del crimen

La elección de Caazapá no es caprichosa. Allí, Bolaños levantó la primera iglesia de piedra entre tupidos y palos santo, y allí murieron tantos indígenas bautizados que el terreno aún huele a latón quemado. La reliquia, literalmente, vuelve a casa: no a la tumba del santo, sino a la fosa común de la evangelización.

La ceremonia del Domingo de Resurrección será un check-in espiritual para 2.000 fieles que WhatsApp ya convocó. Habrá misa trilingüe, murga franciscana y una app oficial que geolocaliza las «huellas» de Francisco por Sudamérica. Lo que no habrá: una sola mención a los 100.000 guaraníes que se extinguieron en las encomiendas mientras los frailes repartían rosarios.

El obispo de Caazapá, Ignacio Gogorza, anticipó que la reliquia se expondrá «24 horas al día» para que «el pueblo pueda tocar la eternidad». La frase suena a anuncio de aloe vera milagroso, pero esconde la jugada maestra: convertir la fe en turismo religioso que deje divisas. El año pasado, Luján en Argentina facturó 800 millones de pesos con la misma fórmula.

San Francisco murió a los 44 años, cubierto de llagas, pidiendo perdón por la Iglesia que aún no había inventado el banco indulgencias. Ocho siglos después, su ceniza viaja en business class con custodia policial. La ironía es tan honda como la fosa de Caazapá: el hombre que quiso ser pobre vuelve al Paraguay como mercancía sagrada. La pobreza, al fin, también se liquida con un precio de entrada.