Paraguay sella el pacto que une a mercosur con europa: el 1 de mayo arranca la era de los 0% aranceles

Asunción se convirtió este lunes en la pieza que faltaba del rompecabezas. Santiago Peña firmó la ratificación del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, un trámite que parecía eterno y que, de golpe, convierte al bloque sudamericano en el patio trasero más grande del mercado europeo. El 1 de mayo entran en vigor provisionalmente las tarifas cero. La soja, la carne y la madera paraguayas volarán a Bruselas sin pagar un centavo. A cambio, los autos, los quesos y los medicamentos europeos llegarán a Encarnación sin aranceles. La ecuación parece simple. La realidad, no tanto.

El sí que faltaba y el miedo que sobraba

El Congreso paraguayo aprobó el tratado por unanimidad el 17 de marzo. Fue el último de los cuatro socios en dar el visto bueno. Argentina lo hizo con Cristina Kirchner pidiendo cautela, Brasil con Bolsonaro alardeando de apertura, Uruguay con Lacalle Pou soñando en ser Singapur del Plata. Paraguay, el miembro más pobre y el que más depende del agro, se quedó plantado hasta el final. El temor era el mismo de siempre: ¿y si los caprichos de Bruselas —las cláusulas verdes, los estándares laborales, la trazabilidad de cada vaca— terminan ahogando a la pequeña industria local? El ministro de Industria, Javier Giménez, se pasó seis meses recorriendo departamentos con una carpeta llena de proyecciones: 1.200 millones de dólares de exportaciones adicionales en cinco años, 50.000 empleos formales, una inyección de inversión extranjera equivalente al 4% del PIB. Las cifras convencieron a los diputados. El miedo quedó guardado en un cajón.

La ceremonia duró ocho minutos. Peña firmó con el mismo bolígrafo que usó su predecesor para crear la cartera de la Juventud. Luego subió a X: «Asunción fue la cuna del Mercosur y hoy vuelve a ser protagonista». Ninguna mención a los ganaderes del Chaco que temen la competencia de la carne irlandesa. Ninguna alusión a los fabricantes de calzado de Itapúa que ya vieron cómo el tratado con Chile dejó 3.000 despidos en 2016. Solo la foto: el mandatario sonriente, la banda presidencial y el texto del acuerdo de 4.000 páginas que nadie leyó completo.

El 1 de mayo que viene con letra pequeña

El 1 de mayo que viene con letra pequeña

La parte comercial se activa en 40 días, pero la letra chica sigue en negro sobre blanco. Los cupos de exportación están diseñados para que Paraguay no inunde el mercado europeo de carne: 78.000 toneladas de res, 12.000 de pollo, 6.000 de porcino. Todo con arancel cero, sí, pero con techo. La soja, el oro verde que representa el 40% de las ventas externas, quedó excluida del cupo: entrará con una reducción escalonada del 6% anual hasta desaparecer en 2035. A los productores de Ñeembucú no les quedará otra que competir en volumen, no en precio. La trinchera será la eficiencia: cosechas de 60 quintales por hectárea o muerte.

El lado más oscuro del trato se llama reglas de origen. Para que un producto entre libre debe tener 55% de contenido regional. Suena fácil hasta que se descubre que Paraguay importa el 70% de los insumos veterinarios de India y el 60% de los fertilizantes de Rusia. La trazabilidad digital, exigida desde el primer envío, obligará a ranchos de 500 cabezas a instalar software que cuesta 30.000 dólares. El Banco Mundial calcula que 18.000 productores dejarán de exportar el primer año. El resto se agrupará en consorcios para sobrevivir. La lógica es la de siempre: los grandes más grandes, los pequeños liquidando stock.

En la aduana de Encarnación ya se preparan. Van a contratar 90 inspectores, instalar dos túneles de rayos X y una sala frigorífica con capacidad para 200 contenedores. El jefe regional de Aduanas, Gustavo Lezcano, reconoce que el presupuesto solo alcanza para la mitad. «El resto llegará cuando llegue», dice con la resignación de quien lleva 25 años en el Estado. Mientras tanto, los camiones brasileños que cruzan hacia Argentina seguirán pagando 60 dólares de peaje. El libre comercio, se sabe, nunca es tan libre.

El domingo 30 de abril, la víspera del Día del Trabajador, los gremios agrarios convocan a una marcha en San Lorenzo. El motivo: pedir que el gobierno subsidie la reconversión tecnológica. La consigna resume el desasosiego: «Que Europa no nos coma crudos». La ironía es que, para venderle jamón a Madrid, primero habrá que comprarle escáner a Berlín. El cronograma está escrito: el 1 de mayo arranca el reloj. Paraguay ya no puede dar marcha atrás. Solo puede correr para no ser la ceniza que deja el tren de la globalización.