París, berlín, londres y roma bloquean la pena de muerte que israel prepara para 'terroristas'
La Kneset puede este lunes convertirse en la única democracia que legaliza la horca. Cuatro cancillerías europeas han dicho basta. Francia, Alemania, Reino Unido e Italia han firmado un misil diplomático: la pena de muerte es «inhumana, degradante y, sobre todo, inútil». El proyecto, cocinado por el ultraderechista Itamar Ben Gvir, llega al pleno en medio del caos presupuestario de Netanyahu. Si se aprueba, Israel sumará la venganza como artículo constitucional.
El texto que desata la tormenta
La ley es simple y brutal: cualquier «terrorista» condenado por asesinato podrá ser ejecutado. Pero el truco está en la letra pequeña. El término «terrorista» lo define el Gobierno, no la Justicia. Traducción: un juez podrá sentenciar a muerte a un palestino, jamás a un israelí. De ahí la alerta de París, Berlín, Londres y Roma: ven un filtro étnico disfrazado de seguridad nacional.
El portavoz del Elíseo no lo ha dicho, pero el mensaje es claro: si la Kneset tumba sus propios valores, Europa revisará cada tratado, cada intercambio de inteligencia, cada centro de investigación binacional. El chantaje es silencioso, pero pesó más que el lobby pro-israelí en Bruselas.

Ben gvir aprieta y netanyahu cede
El ministro de Seguridad Nacional ya ha conseguido lo impensable: colar la pena de muerte en la agenda oficial a cambio de salvar el Presupuesto 2026. Netanyahu, dos días antes de la disolución automática de la Kneset, ha cedido. El trato huele a pólvora: Ben Gvir apoya los números y Netanyahu le regala la hora de la venganza. Dentro del Likud hay quienes lo llaman «la gran trauma-law»: una ley hecha para aplacar la furia de una derecha que nunca perdonó los asesinatos de la Intifada.
La última ejecución israelí fue en 1962, cuando Adolf Eichmann subió al patíbulo. Desde entonces, la sociedad se jactaba de haber superado la pena capital. Ahora, sesenta y cuatro años después, la Kneset podría reabrir la puerta con la excusa del miedo. La ironía: Eichmann fue ajusticiado por crímenes contra la humanidad; la nueva ley podría ejecutar a criminales, sí, pero también a prisioneros políticos.
El reloj corre. Si el lunes se aprueba, el primer caso podría llegar en semanas. La diplomacia europea ya ha avisado: cada ejecución será un boicot silencioso. Israel tendrá la ley, pero perderá la credibilidad. Y en Oriente Próximo, la credibilidad es el único escudo que nunca se puede rendir.
