Pashinián revalida su puesto de salida para una cita que puede dejarlo sin sillón

Nikol Pashinián ya tiene billete para el 7 de junio. Su partido, Contrato Civil, le ha devuelto la corona interna y le ha colocado de nuevo al frente de la lista que intentará defender la mayoría parlamentaria que le catapultó al poder en 2018. La jugada la anunció él mismo en Facebook, donde agradeció a la militancia la confianza y se autoproclamó candidato a repetir como jefe del Gobierno de Armenia.

El exalumno del barrio rojo que ahora teme perder el aula

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Lo que parece un trámite interno es, en realidad, el primer aviso de una batalla que puede ser más sangrienta que la del Nagorno-Karabaj. Pashinián llegó a la revolución de la calle prometiendo acabar con el pacto de hierro de los Kocharyan-Sargsyan; ahora se enfrenta a la vuelta del propio Robert Kocharyan, quien lidera el bloque Armenia, una coalición que reúna a la histórica Federevolutsioun Armenian y a otras formaciones que han olido sangre.

El país vive en modo parlamentario: quien sume 53 diputados elige al primer ministro. Y ahí está el quid. Las encuestas —cuando se atreven a publicarse— dibujan un empate técnico que inquieta a los observadores de la OSCE. La economía se ha derrumbado tras la guerra del 2020, miles de desplazados aún viven en containers de aluminio y la inflación roza el 8 %. Pashinián presume de transparencia; Kocharyan, de experiencia y mano dura. El mensaje del actual mandatario es claro: «O nosotros o el caos». El del exmandatario, aún más: «O el caos o yo».

En la capital, los cafés de Abovyan Street ya han elegido bando: unos ponen la fotografía del premier con la coleta despeinada; otros, la del ex presidente de mirada de hielo. Nadie habla de programa: se habla de supervivencia. La cifra habla por sí sola: un 42 % de armenios contempla la emigración si gana la opción que menos le gusta. El voto exterior —unos 100 000 en Rusia, 50 000 en Francia— puede ser el comodín que decida una elección que, en el fondo, es un plebiscito sobre la derrota militar del año pasado.

Contrato Civil ha primado la militancia digital: ha celebrado dos tandas de votaciones internas por Zoom y ha enviado certificados de participación por correo electrónico. Kocharyan, fiel a su estilo soviético, ha montado actos en plazas cerradas con control de acceso y abrazos protocolarios. La brecha generacional es abismal: los menores de 30 prefieren el lenguaje de Pashinián; los mayores de 50, el orden de Kocharyan. En medio, una clase media que ya no sabe si comprar dólares o euros.

La campaña oficial arrancará el 8 de mayo, pero las pistolas empezaron a calentarse hoy. El premier promete juicios por corrupción pendientes; el ex presidente promete «estabilidad institucional». Mientras, los observadores europeos calculan que el 15 % del padrón vive fuera del país y temen que el recuento se alargue una semana. La última vez que ocurrió, en 2008, hubo diez muertos en la plaza de la Libertad.

El 7 de junio no elegirá solo a 105 diputados. Decidirá si Armenia opta por la senda reformista de un ex periodista convertido en jefe de Gobierno o regresa al redil de un ex kárg que ya gobernó cuando el petróleo estaba a 120 dólares. La papeleta no incluye la opción «ninguno», pero muchos votantes la están dibujando con rotulador negro. El ganador, advierte un diplomático occidental, «heredará un país quebrado y un enclave ruso que mira con lupa cada paso». La victoria será pírrica; la derrota, demoledora.