Pensiones a 3 millones de mujeres: el calendario que nadie quiere perderse
Las mujeres de 60 a 64 años ya tienen la cuenta corriente marcada: del 2 al 26 de marzo el Banco del Bienestar liberó 3 100 pesos por cada una. El dinero llegó silencioso, como cada bimestre, pero la próxima cita es en mayo y la fila virtual empieza a formarse desde ya.
El truco está en la CURP. La primera letra decide el día: si empieza por A, toca pronto; si es Z, aguantar un poco más. Así se evita el tumulto de ventanillas y se garantiza que la abuela no regrese a casa con la cartera vacía. El mecanismo parece simple, pero hay una historia de por medio que muchos prefieren ignorar: miles de mexicanas trabajaron toda la vida en la informalidad, limpiando escalones o cuidando niños ajenos, y ahora, por fin, el Estado les devuelve una parte de lo que nunca les retuvo.
La app que no perdona
Descargar el Banco del Bienestar en el móvil es el pasaporte para no hacer colas. En Android o iOS basta con abrir la app, meter la clave y ver cómo aparece el saldo. No hay intermediarios, no hay comisiones, solo la certeza de que el dinero está ahí, listo para la canasta básica o para el tratamiento que la doctora mandó hace meses.
Quienes prefieren el tacto de un billete pueden ir al cajero: introducir la tarjeta violeta, seguir las instrucciones en la pantalla y retirar. La ventaja es inmediata: no hay horario bancario que valga, los cajeros del Bienestar atienden hasta el domingo. La desventaja, obvia: la tentación de gastar antes de tiempo.

3 Millones de historias que no caben en un formulario
Ariadna Montiel, secretaria de Bienestar, repite el dato como quien cuenta las cuentas del mandado: 3 millones de beneficiarias para finales de 2025. Detrás de cada número hay una Martina que crió sola a cinco hijos, una Petra que vendía tamales en la esquina y una Lucha que nunca cotizó porque su patrón se hacía el sueco. El programa nació en 2025 y ya es el abrazo más grande que ha dado el gobierno a las mujeres que se quedaron sin jubilación.
La expansión es brutal: en 2024 apenas existía, en 2025 ya es un derecho. A partir de los 65 la pensión se vuelve automática, pero las de 60 a 64 son las nuevas elegidas. La frontera es clara: cumplir 60 y no tener pensión contributiva. La trampa también: si alguna vez aportó al IMSS, se queda fuera. La lógica del sistema es brutal de puertas para adentro: ayudar a quien nunca pudo ayudarse.
Mayo acecha. La letra de la CURP seguirá dictando el día, la app seguirá mostrando el saldo y las abuelas seguirán guardando el recibo como si fuera un título de propiedad. La próxima vez que la tarjeta violeta suene en el lector, alguien recordará que ese dinero no es caridad: es la factura que México empezó a pagarle a sus mujeres después de décadas de mirar para otro lado.
