Perú firma el manifiesto que obligará al turismo a vivir de sus propios desechos

El Perú se ha convertido este lunes en el primer país de América Latina que obliga a su industria turística a comerse sus propios residuos. El decreto supremo publicado en el diario oficial El Peruano convierte la economía circular en ley para hoteles, agencias y destinos enteros, con una fecha límite: 2030. La cuenta atrás empieza ya.

Detrás del titular hay 1.200 millones de soles que dejarán de evaporarse en vertederos para pasar a engrosar el PIB. José Reyes, ministro de Comercio Exterior y Turismo, ha desgranado la cifra como quien suelta un contrato firmado: 342,8 millones de dólares que antes se perdían ahora se quedan. Y 31.000 empleos que no existían aparecen en la columna de nacidos en la próxima década.

El negocio de reutilizar la basura de los otros

La hoja de ruta no es un manual de buenas intenciones; es un catálogo de negocios que empiezan donde terminaba la basura. Cadenas hoteleras que ya venden sus aguas grises como agua de riego, restaurantes que facturan por cada kilo de resto que convierten en compost, agencias que cobran dos veces: una por el viaje y otra por reciclar la botella que el turista deja atrás. El Estado solo ha puesto el reloj: o se suman o quedarán fuera del mapa.

Lo que nadie cuenta es que la mitad del aire que respiraremos en Machu Picchu en 2030 dependerá de este pacto. El documento calcula 74 millones de toneladas de CO2 que nunca llegarán a la atmósfera: equivalente a dejar de encender Lima durante dos años. Y dos millones de hectáreas de ecosistemas que dejarán de ser fotos de catálogo para convertirse en reservas vivas que facturan por permanecer intactas.

Europa pagó la factura para que perú firmara primero

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La firma de Balcázar, Paredes y Reyes tiene un respaldo en euros. La Unión Europea y la Aecid financiaron los estudios que demuestran que el turismo puede crecer sin destruir lo que vende. El dinero europeo compró el argumento que ahora Perú exportará al resto del continente: que la basura del viajero vale más dentro que fuera del país.

La contrarreloj empieza en un sector que aporta entre 2,9 y 3,5 % del PIB, según quién mire. Con 10.000 millones de dólares de facturación directa, el turismo peruano se juega en los próximos cinco años pasar de extractor a reinyector de valor. El modelo actual muere en 2030; el nuevo nace con fecha de caducidad: cuando el último turista deje de generar residuo.

Reyes lo ha dicho sin eufemismos: «Estamos hablando de impactos concretos». La frase suena a amenaza para los que aún creen que crecer es llenar más contenedores. El ministro ha cerrado la puerta: o entras en la economía circular o te quedas fuera de la estadística. El turismo peruano ya no puede mirar para otro lado; ahora debe mirar sus propios desechos.