Perú pone en marcha el despliegue electoral más blindado de su historia

Desde el almacén de Lurín hasta el aula de un pueblo andino, 27 millones de peruanos ya están en movimiento sin saberlo. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) activó este fin de semana la operación logística más vigilada del año: sacó del sur limeño las primeras 14 unidades cargadas de papeletas, cabinas y ánforas que decidirán quién gobierna el país entre 2026 y 2031.

La ruta del voto: satélite, policía y un seldo que no perdona

La misión parece sacada de un guion de espionaje. Cada caja va tatuada con un chip RFID que chilla su ubicación cada minuto; la Policía Nacional escolta por tierra y aire, y un sistema de códigos valida que la urna que llegue a la mesa 4 de Huancavelica sea exactamente la que salió de Lima. Nadie puede abrirla sin dejar rastro. Nadie puede cambiarla sin que un algoritmo lo detecte.

Lo que nadie cuenta es que, mientras los camiones partían, en la sede de la ONPE el teléfono no dejaba de sonar: los alcaldes del interior reclamaban más personal, los partidos pedían certezas y los observadores internacionales exigían acceso. La calma operativa es solo pantalla. Detrás, el país respira con miedo a un nuevo conteo accidentado.

El detalle que callan los comunicados: 30.000 plantillas braille viajan aparte. No es un gesto caritativo; es una respuesta a la multa que el Estado recibió en 2021 por vulnerar el derecho al voto de quienes no ven. Esta vez, la ONPE prefiere gastar en plástico extra antes que en abogados.

Lima y el extranjero: la batalla final se cocina en 48 horas

Lima y el extranjero: la batalla final se cocina en 48 horas

El 10 de abril, 400 camiones desembarcarán en la capital y en Callao el 33 % del padrón electoral. Será el envío más grande: 2.270 locales, 8.000 mesas y una ciudad que en las últimas elecciones tardó cinco días en conocer resultados. La misión es que esta vez no haya madrugadas interminables.

Mientras tanto, 1,19 millones de peruanos en el exterior ya recibieron sus papeletas. París, Madrid, Nueva Jersey. La cifra habla por sí sola: es la diáspora más numerosa desde que Alberto Fujimori se fugó en 2000. El voto de los que se fueron podría inclinar la balanza si la primera vuelta se estrecha en un punto porcentual, como ocurrió en 2016.

La impresión de las papeletas empezó el 10 de marzo y no ha parado. Treinta y seis candidatos a presidente, 60 senadores, 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino. El papel más grande de la historia electoral peruana también es el más frágil: una mancha de café, una lluvia de enero o un bullo de WhatsApp puede invalidar una mesa entera.

La ONPE promete que, si nadien logra el 50 % más uno el 12 de abril, la segunda vuelta será el 7 de junio. El calendario está clavado en ley, pero la memoria recuerda que en Perú las leyes se doblan cuando la calle pide otra cosa.