Perú se desangra en un debate de 35 candidatos y un payaso que ya no hace reír
La democracia peruana parece un gallinero sin dueño: 35 aspirantes, doce minutos por cabeza y un público que pide a gritos estabilidad mientras los moderadores suplican silencio. El candidato que más golpes recibió anoche fue Carlos Álvarez, el humorista convertido en tercera fuerza según Datum, y el único que logró arrancarle la sonrisa a un país harto de promesas.
El telonero que se subió al escenario
La frase que lo prendió fue de Yohny Lescano: “No voy a tolerar que un telonero de Fujimori venga a dar clases de moral”. Álvarez, acostumbrado a imitar políticos en la televisión de los 90, devolvió el golpe: “Usted fue telonero de Castillo”. El intercambio sonó a vieja pelea de barrio, pero reveló la cicatriz nacional: todos han bailado con el diablo y ahora se hacen los castos.
El theater of the absurd continuó cuando Álvaro Paz de la Barra le recordó a Álvarez que no es tan nuevo; el cómico respondió imitando a Alan García y la sala estalló. Ese segundo de parodia fue más honesto que cualquier plan de gobierno presentado en la noche.

El fantasma de garcía y el escupitajo de olivera
El duelo más cruento llegó entre Enrique Valderrama, heredero del Apra, y Fernando ‘Popy’ Olivera, el ex ministro que azuzó a García en 2016. Valderrama lo acusó de “encarnar la corrupción en el gobierno de Toledo”; Olivera devolvió que “el pueblo ya no se deja engañar por una japonesa, un mitómano ni un charlatancito”. Minutos después, seguidores apristas escupieron y rompieron el parabrisas de su auto. La democracia peruana, en vivo y en directo.
El debate giraba sobre educación y empleo, pero nadie recordaba los números: 70 % de jóvenes que no accede a la universidad, 75 % de trabajadores en informalidad. Las propuestas —becas, wifi gratis, pensiones dignas— suenan a taller de campaña repetido desde 1990. La diferencia es que ahora los candidatos se insultan en TikTok y la gente aplaude el cinismo como si fuera stand up.
El país que cambia de presidente más rápido que de celular
En menos de diez años Perú ha tenido ocho mandatarios. El 12 de abril volverá a la urna sabiendo que, estadísticamente, el ganante podría estar fuera del palacio antes de terminar el mandato. Por eso el fenómeno Álvarez duele: representa la burla a la clase política que se cree intocable, pero también confirma que el peruano ya no distingue entre el show y el poder.
El debate terminó sin ganadores, con la moderadora pidiendo orden y los productores rezando porque no hubiera un puñetazo en plena transmisión. Afuera, en la avenida Javier Prado, un vendedor de empanadas resumió el sentir: “A estos 35 los quebramos a chistes, pero después vienen los que nos quiebran el bolsillo”. La frase habría sido brillante si no fuera trágica.