Petro carga contra peñalosa y defiende herencia de santos en plena campaña de réplicas

El presidente Gustavo Petro desató ayer una polémica de manual: reivindicó la continuidad de su gestión con el expresidente Juan Manuel Santos mientras acusaba a tres alcaldes bogotanos de haber enterrado el metro subterráneo “por odio político”.

El trino, que parece una anotación marginal, enciende el debate sobre la memoria institucional en Colombia. Petro publicó imágenes del Galeón San José —barco español hundido en 1708— y escribió: “Este proyecto inició en el gobierno Santos [.] mi gobierno continuó el proyecto”. La frona de oro y plata que yace a 600 m de profundidad se convirtió, de golpe, en símbolo de transversalidad.

El metro que no pudo ser y la vendetta que sí

El mandatario no mencionó cifras ni contratos; prefirió la historia. Asegura que dejó el metro subterráneo “en ingeniería avanzada lista para licitar” cuando era alcalde y que Germán Vargas Lleras, Enrique Peñalosa y Carlos Fernando Galán (al que llamó “Cárdenas” en una metáfora mezclada) “se lo tiraron solo para que no fuera presidente”. La acusación revive la guerra fría entre la izquierda urbana y el liberalismo bogotano que lleva dos décadas sin tregua.

Lo que nadie cuenta es que la licitación que Petro heredó en 2018 ya tenía 18 meses de retraso y un déficit de 4,5 billones de pesos que el siguiente alcalde tuvo que cuadrar con recursos del metro elevado. El dato habla por sí solo: la continuidad, en infraestructura, cuesta más que un tuit.

Del galeón al chip: la obsesión tecnológica del palacio

Del galeón al chip: la obsesión tecnológica del palacio

Petro aprovechó la rifa para anunciar un mega Data Center de inteligencia artificial en Santa Marta que conectaría “la biodiversidad colombiana con la nube global”. El anhelo suena a ciencia-ficción: convertir la fauna en datos y los datos en soberanía. Pero hay un detalle: el país aún arrastra 30 % de territorio sin internet de banda ancha y la fibra óptica se interrumpe cada vez que un taladro perfora la cordillera.

En paralelo, el presidente volvió a cuestionar la gestión de Ecopetrol, esta vez por contratos “que no garantizan soberanía tecnológica”. La estrella petrolera, que hace un año celebró récord de utilidades, se convierte en nuevo chivo expiatorio de la narrativa de desamor con la élite extractiva.

La jugada tiene lectura electoral: alinearse con Santos le resta sectores de la centro-derecha que aún premian el proceso de paz; arremeter contra Peñalosa le sirve para activar el vicio capitalino que aún no perdona el TransMilenio que no llegó a tiempo. Mientras tanto, el Galeón duerme en el Caribe y el metro, bajo tierra, sigue siendo un espejismo que cambia de color según quien gobierna.