Philipsen arrebata la victoria en flandes y deja a van der poel con la miel en los labios
Jasper Philipsen no solo ganó la En los Campos de Flandes: desbarató el guion que tenían escrito Mathieu van der Poel y Wout van Aert. A 1.500 m de meta el duelo de titanes parecía inevitable; un sprint entre ellos, la foto que ilustra la rivalidad del ciclismo moderna. Pero el alpecinense llegó tarde, justo a tiempo, para colarse en la fotografía y arrebatar el triunfo número 60 de su palmarés.
La fuga que no rompió el espejo
La carrera se rompió en De Moeren, donde el viento cruzado actuó como guillotina. Visma y Red Bull pusieron el turbo, dejaron a Filippo Ganna atrapado en la trampa y sembraron el pánico. Pero la verdadera guerra estalló en el segundo paso por el Kemmelberg: Van Aert atacó en los adoquines, Van der Poel le siguió con la precisión de un reloj suizo y ambos abrieron un hueco de 15-20 segundos. El diálogo de dos se convirtió en monólogo de nadie, porque el pelotón nunca les dio más de veinte segundos de oxígeno.
A 5,5 km, la ventaja era de apenas 11 segundos. Ahí saltó Segaert, el joven de Lotto, para convertir la pareja en trío. La escena era surrealista: los dos mejores clásicos del planeta tirando codo a codo con un desconocido que soñaba con la huida perfecta. Pero el sueño duró lo que un esprint. A 1 km el pelotón los tragó, Segaert resistió unos metros más y en la recta de Wevelgem el danés Lund lanzó la zanata. Philipsen, en cambio, disparó con la frialdad de un asesino: le pasó por encima y cruzó los brazos antes de que el reloj marcara 5 h 7 min 48 s a 46,9 km/h de media.

Van der poel, la espina que no se le quita
El neerlandés sigue sin ganar esta carrera. La tiene tomada: en 2020 fue segundo, en 2022 tercero, y ahora se quedó a cero cuando parecía su día. La estadística le escupe en la cara: 10 victorias en el Tour, 6 en la Vuelta, pero cero en la que él mismo define como “la carrera de mi tierra”. Su frustración fue tal que ni siquiera acudió a la zona mixta. Alpecin, en cambio, celebró doblemente: Philipsen subió al podio y Van der Poel conservó el liderato en el ranking belga de primavera.
La lección es tozuda: en Flandes no basta con ser el más fuerte; hay que ser también el más listo. Y esta vez la astucia llevó el número 15 sobre los hombros. Philipsen no solo ganó una carrera; le robó la historia a los que se la habían escrito. La próxima vez, Van der Poel tendrá que firmar otra guionista.