Pidieron aislar a los emiratos para frenar un nuevo genocidio en darfur

La comunidad internacional puede acabar la guerra de Sudán en siete días si decide cortar el grifo a los Emiratos Árabes Unidos. Lo aseguró en Ginebra Minni Arkou Minnawi, gobernador de facto de Darfur, donde las milicias RSF ya controlan la mayoría de ciudades y campos. Su mensaje es desnudo: los EAU alimentan un segundo genocidio con armas que entran por Chad y Libia mientras el mundo mira a otra parte.

El titiritero que nunca baja del escenario

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Las Fuerzas de Apoyo Rápido no son más que un brazo armado de Abu Dabi. Minnawi lo dijo sin ambages: cada vez que los rebeldes han aceptado un cese del fuego, llega una carga nueva de vehículos pick-up, municiones y drones. La última partida, 300 todoterrenos, cruzó la frontera hace quince días. El ciclo se repite desde el golpe fallido del 15 de abril de 2023, que dejó nueve millones de desplazados y convertió a Darfur en un solar.

El gobernador, miembro de la minoría zaghawa, recordó que los mismos comandantes que masacraron en 2003 vuelven ahora con otro nombre. Los Janjaweed –camelos, fusiles y saqueos– son hoy las RSF. El guion no cambia: limpieza étnica, pueblos enteros arrasados, mujeres convertidas en botín. La diferencia es que ahora las milicias graban sus crímenes y los suben a Telegram.

Minnawi habló en la sede de la ACANU, a metros del Palacio de las Naciones. Frente a él, corresponsales que llevan dos años documentando desplazamientos masivos y que ya no preguntan por responsables: conocen la respuesta. Sudan no es un conflicto olvidado; es un conflicto consentido. El Consejo de Seguridad debate sanciones que nunca llegan mientras Puertos francos y bases aéreas emiratís siguen siendo vía libre para el armamento.

El dato que más duele: 20 millones de personas dependen de ayuda alimentaria y el Programa Mundial tiene el 30 % de su presupuesto congelado. En Al Fasher, tomada en octubre tras dieciocho meses de asedio, los mercados están vacíos y los campos de refugiados colapsan. La ciudad fue el último bastión del ejército regular en Darfur; su caída selló el control rebelde sobre la región.

El argumento emiratí –que sus barcos e aviones solo transportan ayuda humanitaria– se desmorona con cada informe de paneles de la ONU que detecta misiles Kornet y minas antipersona de fabricación reciente. Pero los expedientes siguen archivados. Moscú y Beijing ven vetos; Washington, intereses energéticos; Europa, externalización de fronteras. Mientras, los uniformes de las RSF lucen etiquetas “Made in UAE”.

Minnawi cerró su intervención con una ironía amarga: “Sudán no necesita mediadores, necesita que le dejen de disparar”. La frase resume el absurdo de un conflicto donde la solución está en Dubai, no en Jartum. La comunidad internacional puede seguir condenando “con preocupación” o puede confiscar un cargamento y ver cómo, de golpe, los rebeldes encuentran la mesa de negociación. La semana que viene se cumplen tres años desde el primer disparo. El reloj no para; los aviones sí.