Podemos carga contra el gobierno por la detención de mbaye y sella su alianza con iu en andalucía
La calle Génova hueve a azufre desde hace días. Mientras el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, insistía en que la detención de Serigne Mbaye —exdiputado de Podemos— no fue racista, la dirección del partido morado respondía con una petición de cese inmediato y una advertencia: «Sus palabras equiparan a las de los portavoces de Trump cuando justifican al ICE». La frase, dicha por Pablo Fernández, secretario de Organización, sonó como un disparo en la sala de prensa. No hubo margen para el eufemismo.
Pero hay un detalle que nadie cuenta: mientras estallaba la crisis por Mbaye, el partido cerraba filas en otra guerra, la electoral. En la misma rueda de prensa, Fernández selló el marco Por andalucía —la plataforma que lidera Antonio Maíllo y que integra a Sumar— como «único escenario» para confluir con IU en los comicios autonómicos. «Sin condiciones», repitió. «Queremos desalojar a Moreno Bonilla y para eso hay que negociar», añadió, aunque la negociación, de momento, sigue siendo un espejo.
La mano tendida que nadie ha apretado
Juan Antonio Delgado, candidato de Podemos a la Junta, lanzó la propuesta hace una semana. La dirección nacional la ha refrendado este martes. Pero Maíllo, presionado por su propio calendario interno, aún no ha devuelto el guante. El tiempo apremia: el plazo para registrar coaliciones se estrecha y la militancia de IU exige garantías de peso real dentro de la lista. «No hemos puesto requisitos», insistió Fernández. Lo que no dijo es que el reloj corre más rápido que los contactos.
En el fondo, el mensaje es otro: Podemos prefiere correr el riesgo de parecer demandante antes que asumir la etiqueta de divisor. La foto de Mbaye esposado en Sol les ha recordado que la izquierda no puede darse el lujo de nuevas fisuras. Por eso, cuando se pregunta por el programa, Fernández desvía: «Primero el acuerdo, luego la hoja de ruta». La urgencia está en el quién, no en el qué.

Mientras tanto, el precio de la cesta se dispara
El portavoz aprovechó para cargar contra el vicepresidente económico, Carlos Cuerpo: «Vigilar los precios no sirve; hay que intervenirlos». La frase resonó como una consigna de campaña anticipada. Y cerró con un dardo contra Leopoldo López, a quien calificó de «instigador golpista» y reprochó al Ejecutivo haberlo «nacionalizado por vía exprés». Un guiño a la militancia más radical que, en días de crisis interna, cuenta votos.
En la sala quedó flotando una sensación agridulce: la izquierda suma discursos, pero aún no suma papeles. La foto de Mbaye en el furgón y la ausencia de respuesta de Maíllo dibujan un tablero incierto. Porque, al final, la política se juega en dos frentes: en la calle, donde la policía detiene a un exdiputado, y en la sede, donde otro exdiputado espera una llamada que puede decidir quién gobernará andalucía. La próxima semana dirá si la mano tendida deviene puñetazo al aire o apretón de tres que cambie la geografía del sur.
