Podemos claudica y busca abrazar a sumar tras su hundimiento en las urnas
La trinchera ya no existe. Podemos ha retirado el veto a Sumar y negocia entrar en la coalición Por Andalucía para las elecciones del 17 de mayo, un giro de 180 grados que se fraguó entre el silencio de los malos resultados y la presión de sus propios diputados autonómicos.
El anuncio lo lanzó el viernes y lo reiteró este lunes Pablo Fernández, portavoz y secretario de Organización: «Queremos ese acuerdo y para eso hay que negociar». Las mismas palabras que, hace cuatro meses, hubieran sido impensables. Entonces, Podemos describía a Sumar como «una sucursal del PSOE»; ahora, tiende la mano a IU y a Yolanda Díaz sin exigir nada a cambio. Ni siquiera un sillén.
La derrota como catalizador
El partido morado ha desaparecido de Aragón y Castilla y León tras concurrir en solitario. Solo conserva tres escaños en Extremadura —gracias a la coalición con IU—, tres en Andalucía, uno en Murcia y otro en Navarra. La orgía de números rojos ha acabado por doblegar a la dirección estatal, que hasta ahora sostenía el discurso de la «izquierda transformadora» en el grupo mixto del Congreso.
En el Parlamento andaluz, sus tres diputados amenazaban con saltar por la ventana si la cúpula mantenía el veto. «No vamos a ser los próximos en desaparecer», confesaba a este diario un miembro de la ejecutiva andaluza. La rebelión interna ha forzado la tregua.

Sumar, entre la incredulidad y el alivio
Fuentes de Sumar recibieron la llamada de Podemos con la expresión de quien ve llover tras años de sequía. «Buena noticia para el conjunto del espacio progresista», dicen, aunque en privado admiten que la confianza llega «descontada». El propio Antonio Maíllo, cabeza de lista de Por Andalucía, lleva días repetido que «no hace falta que Podemos haga nada especial»; basta con que no rompa lo que ya existe.
El viernes vence el plazo para registrar coaliciones. Tres días para sellar una alianza que, si prospera, podría arrastrar al resto del territorio. La pregunta que nadie se atreve a despejar es si este deshielo andaluz se exportará a las generales de 2027. En Moncloa empiezan a contar los días para ver si Irene Montero logra imponerse como candidata de una izquierda que ya no se tira los trastos a la cabeza.
La foto de familia, de momento, solo se hará en Sevilla. El resto, como siempre, será coser y cantar. o volver a la guerra.
