Poduje cancela expropiación de colonia dignidad: la memoria queda en lista de espera
El ministro Iván Poduje puso la calculadora sobre la mesa y la historia quedó fuera del presupuesto. Con 47 mil millones de pesos —el precio de transformar Colonia Dignidad en un sitio de memoria— podría reparar 1.500 casas que se caen a pedazos en el sur de Chile. La cuenta es brutal: olvido barato, memoria de lujo.
La decisión, anunciada este domingo en entrevista con La Tercera, cancela el proyecto estrella del gobierno de Gabriel Boric para exhumar el infierno fundado por Paul Schäfer en 1961. El argumento: el Ministerio de Vivienda arrastra un 97 % de presupuesto comprometido y Hacienda acaba de ordenar un recorte del 3 % a todas las carteras. El resultado: la expropiación queda congelada, la ciclovía Alameda-Providencia trunca y el Club Hípico de Punta Arenas se salva de convertirse en parque.
La cuenta que nadie pidió
Poduje insiste: “Cero ideología. Es puro criterio de prioridad social”. Pero lo que nadie cuenta es que esa prioridad acaba de dejar fuera del tablero a las víctimas de Colonia Dignidad, el enclave germano convertido en centro de detención y exterminio durante la dictadura de Pinochet. Condenado por la Justicia chilena, reconocido por Alemania, el lugar donde se torturó y secuestró a más de un centenar de personas ahora seguirá en manos de la familia de ex colaboradores de Schäfer.
La ironía: mientras Poduje habla de niños hacinados, los sobrevivientes del horror germano vuelven a sentirse relegados. “Una bofetada directa a la memoria de las víctimas”, escribió en X el ministro de Justicia, Jaime Gajardo, quien supuestamente debería defender los derechos humanos que el Minvu acaba de archivar. La diputada Carolina Tello, ex presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, recordó que “las atrocidades que ocurrieron en la ex Colonia Dignidad forman parte de los episodios más dolorosos de la historia de nuestro país”. La bancada socialista se enteró “con estupor” y el Frente Amplio exige revertir la medida.

El precio del olvido
El costo político ya empieza a pesar. El gobierno alemán, que en 2019 aprobó un plan de indemnizaciones para las víctimas, observa con inquietud cómo Chile elige olvidar lo que Berlín se esforzó en reconocer. La oposición habla de “negación histórica” y advierte que la decisión se tomó sin consultar al Congreso ni a los organismos de derechos humanos. La deuda de arrastre, en este caso, no es solo financiera: es una deuda con el pasado que ahora suma intereses morales.
Poduje cierra la entrevista con una frase que suena a epitafio: “No voy a dejar de hacer viviendas para hacerle una ciclovía al gobernador Orrego”. La frase resume el pragmatismo de un gobierno que prometió justicia social y terminó priorizando ladrillos sobre huesos. La memoria, parece decir la aritmética oficial, puede esperar. Las víctimas, no.
