El rugido que faltaba: argentinos rompen el murmullo supersónico con f-16
Las 9:28 y las 9:31 de este lunes quedaron grabadas en la memoria de la Fuerza Aérea argentina. Dos F-16 Fighting Falcon despegaron desde Las Higueras con asiento de argentino por primera vez, tras 115 días de silencio desde que los cazas llegaron de Dinamarca. El país recuperó la capacidad supersónica que había perdido hace años y que muchos ya daban por enterrada bajo presupuestos achicados y promesas incumplidas.
El despegue que nadie quiso anunciar
El misterio rodeó la operación. Ni fecha cierta, ni nombres de pilotos. El clima tenía la última palabra y las autoridades esperaron hasta el domingo por la noche para confirmar que el lunes sería el día. El motivo: controlar cada variable y evitar que una foto de un F-16 en tierra se convierta en meme de fracaso. Lo que se buscaba era un gesto de poder que no admitía improvisación.
Los elegidos fueron los dos mejores del curso intensivo que comenzó en Arizona y terminó en los hangares de Córdoba. Junto a cada uno viajó un instructor de Top Aces, la empresa de Mesa (Arizona) que cobra 33 millones de dólares por enseñar a volar y a combatir con cazas de cuarta generación. Contrato cerrado, silencio de radio y bandera argentina en el fuselaje: el negocio de la guerra fría se repite con sabor a latino.
El recorrido fue breve pero simbólico: sobrevolaron la base de Río IV, donde los 24 F-16 se alojan en transición, y trazaron un círculo sobre la pista que será su casa hasta que Tandil termine las obras de la VI Brigada Aérea. Abajo, un grupo de técnicos recién graduados en el flamante Centro de Instrucción y Capacitación en Mantenimiento de Aeronaves F-16 (CICMA) celebró con mate y facturas. La tradición y la tecnología se encontraron a 1.500 metros de altitud.

La cuenta regresiva que empieza ahora
En diciembre llegarán seis unidades más. Para 2027 la flota alcanzará la mitad de los 24 aviones pactados. El calendario parece lento, pero en la Fuerza Aérea lo llaman “proceso orgánico”: primor formar pilotos, luego dotarles de doctrina y, recién entonces, soltarles los misiles. El ministro Carlos Presti repite la consigna: “Capacidad Operativa Final” antes de cualquier despliegue. Es decir, que el rugido no se quede en propaganda.
Mientras tanto, los F-16 siguen en tierra cordobesa. Cada despegue requerirá planificación de días y acompañamiento estadounidense. El orgullo nacional pasa por la verificación extranjera: una ironía que nadie se atreve a vocalizar demasiado alto. La próxima fase incluye vuelos tácticos, ejercicios de interceptación y, eventualmente, ejercicios combinados con Chile y Brasil. El objetivo es claro: mostrar que el país puede custodiar su espacio aéreo sin pedir permiso.
La operación de este lunes dura apenas 40 minutos entre ambas aeronaves, pero abre una década de posibilidades. argentina vuelve a tener alas supersónicas. Ahora falta que el resto del Estado le ponga velocidad al proceso. Porque un cazá sin presupuesto es un juguete caro que solo sirve para fotos.
